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Paso trascendental

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Rafael Ernesto Góchez / Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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La presente contienda electoral es atípica o excepcional: (1) la carrera por alcanzar la silla presidencial ha dejado de ser una competencia entre dos marcas, (2) el peso de la clase media urbana y de las personas mayores de 40 años de edad será decisivo y (3) la predisposición que indican las encuestas ha propiciado diferentes componendas para ganar en primera o segunda vuelta. Consiguientemente, en los próximos meses habrá sorpresas, polémicas y asperezas.

Ante este fenómeno psicopolítico, es probable que el nuevo mandatario sea producto de una votación emocional. Hoy en día, miles de electores adversan a los candidatos de las fuerzas políticas que suscribieron el Acuerdo de Paz (1992) y han ejercido la Presidencia de la República en las últimas décadas. El punto es que incontables compatriotas están decepcionados o molestos con quienes han ocupado casa presidencial.

Lo inesperado no es que los gobernados quieran usar su voto como un castigo o rechazo, lo enigmático es que lo hagan (1) desconociendo las plataformas programáticas en contienda y (2) olvidando que 3 de los 4 candidatos son propuestos por partidos que han cometido fallas graves. Es decir –hoy día– la imagen del candidato pesa más que el proyecto político y la afinidad partidaria. ¿Cuándo discutirán los aspirantes presidenciales temas como los siguientes?

1. Desmontar el centralismo. La tarea es revertir la concentración del poder público en pocas manos y de la actividad económica en la ciudad capital. Por ello, el apoyo presupuestario y legislativo es clave para (1) profesionalizar el servicio público, (2) mejorar la infraestructura en los 14 departamentos y (3) establecer metas y plazos para mejorar los servicios a nivel local.

2. Fortificar las instituciones contraloras del ejercicio del poder público. Hechos y no palabras. Los cuatro candidatos podrían hacer una huelga de hambre en la plaza Libertad hasta que la Asamblea Legislativa elija a magistrados competentes, idóneos y honestos en la Sala de lo Constitucional. La ciudadanía se siente impotente y demanda acciones inmediatas.

3. Sincerar las finanzas públicas. El elevado endeudamiento y gasto público reducirá el espacio de maniobra del próximo GOES. Por ello, es conveniente que los conciudadanos entiendan que sin un acuerdo fiscal y sin un buen gabinete de gobierno es imposible que el próximo mandatario cumpla con las ofertas de campaña.

4. Movilizar recursos para mejorar la calidad de vida de los salvadoreños en sus lugares de origen. Esto implica (1) dinamizar las economías locales, (2) abandonar el asistencialismo (es mejor enseñar a pescar que dar el pescado), (3) enmarcar la prevención de la violencia dentro de la política social y (4) recuperar el control territorial.

Reflexión: los ciudadanos deberían dar un paso trascendental, a saber: confiar su voto a la fórmula presidencial 2019-2024 que (1) tenga mayor capacidad de diálogo, (2) forme el mejor gabinete de gobierno y (3) explique cómo y con qué recursos se solucionarán los principales problemas del país. El reto es, entonces, que los salvadoreños elijan a quien mejor pueda desempeñarse en casa presidencial. Con este propósito, la academia, prensa y sociedad civil deberían contribuir a quitarle el tono demagógico a la actual contienda electoral.

Tags:

  • contienda electoral
  • votación emocional
  • centralismo
  • instituciones contraloras
  • finanzas públicas
  • tono demagógico

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