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Pausas y desabastecimiento

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Sandra de Barraza / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Columnista de LA PRENSA GRÁFICALa educación en nuestro país tiene muchas carencias. Y esas carencias se reflejan en el desempeño de los egresados del sistema. No están preparados para responder a las exigencias mínimas de educación superior. En la Universidad de El Salvador, los requerimientos académicos para nuevo ingreso sistemáticamente tienden a la baja para adecuarse al perfil de la demanda. Enarbolando la bandera de la democracia, no importa que los aspirantes sepan hablar ni mucho menos escribir. Enarbolando la bandera de la democracia, no importa si saben sumar, restar o aplicar la regla de tres. Nada de esto importa.

Las autoridades universitarias tienen que ceder ante las presiones de “democratización de la educación” y han hecho poco uso de la información pública sobre los insatisfactorios resultados. Cuando ofrecen la educación superior pública gratuita, independientemente del desempeño, cualquiera tiene el derecho a reconocer lo contradictorio del sistema. Si ofrecen educación gratuita, debería ser para los que tienen las competencias necesarias. Pero... dicen los ideólogos que semejante afirmación es pequeño burguesa y atentatoria a la revolución. ¡Qué distorsión!

Lo afirmo con vehemencia. La educación de calidad se limita a un grupo privilegiado. La gran mayoría de los niños, adolescentes y jóvenes son víctimas del discurso democrático de mediocridad generalizada. Democratizar la educación, democratizar la calidad de la educación, son planteamientos políticos que deben traducirse en medidas concretas y evidenciarse en los resultados. No hay que ser especialista para reconocer que si no se cumple satisfactoriamente el tiempo de “enseñanza efectiva”, difícilmente puede esperarse un “aprendizaje efectivo”.

Al recorrer municipios, una y otra vez se encuentran “pausas curriculares” de uno, dos y más días. La planta docente en pleno es convocada a capacitación afectando el tiempo efectivo de trabajo. Hay directores y docentes comprometidos, que hacen lo que pueden. Pero es imposible que las autoridades locales no emitan juicio crítico sobre el tema. ¿Por qué hay que capacitar una y otra vez a los docentes? ¿Por qué inventarse y reinventarse lo mismo?

Pregunto porque inmersos en una revolución tecnológica de la que nadie se escapa, es imprescindible asegurar que los salvadoreños sabemos comunicarnos con soltura y eficacia; que sabemos aplicar la lógica que la matemática estimula; que sabemos hacer trabajos manuales; que tenemos gusto artístico y conciencia sobre la nutrición inteligente y el ejercicio físico. Si esto se logra, el resto es responsabilidad individual.

Es responsabilidad individual, siempre que se tenga saneamiento y servicios de salud preventivos. En varios municipios he preguntado por el nivel de satisfacción de los servicios de salud. Allí están los ECOS, más cerca de la comunidad, quieren un préstamo para ampliarlos, pero no hay medicina. La gente critica el desabastecimiento: al niño le dan una cucharada para que el frasco alcance para otros, dicen. ¡Así están de limitados!

Y en un ambiente de inseguridad, la Policía Nacional Civil no tiene suficientes efectivos y carece de recursos para el mantenimiento del equipo. El alcalde pide refuerzo de la Fuerza Armada y se los envía si les paga la alimentación. ¡Así están de limitados! ¿Y entonces?

El gobierno local tiene que asumir el financiamiento de tareas que son del Órgano Ejecutivo. No dudo que lo hacen con mayor efectividad y no dudo que priorizan a la juventud y la convivencia para ser reelectos. Hay que revisar las estrategias del Ejecutivo si no quieren empeorar la nota.

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