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Paz y futuro

En el mensaje que Benedicto XVI lanzó este 1.º de enero, dedicado a la Jornada Mundial de la Paz, decía que “causan alarma los focos de tensión y contraposición provocados por la creciente desigualdad entre ricos y pobres, por el predominio de una mentalidad egoísta e individualista, que se expresa también en un capitalismo financiero no regulado”.
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Si somos sinceros, reconoceremos que la “creciente desigualdad” es también un fenómeno propio de El Salvador. Y que los focos de tensión que tenemos, incluida la violencia, la migración, y la débil institucionalidad tienen bastante que ver con la desigualdad. Cuando en el pacto entre pandillas se les pide que pasen del compromiso de no matar al de no extorsionar, responden preguntándose de qué van a vivir. La falta de trabajo digno y la despreocupación ante el desamparo del pobre son fuentes siempre de tensión.

Benedicto XVI advierte en el mensaje ya citado que “el que trabaja por la paz debe tener presente que, en sectores cada vez mayores de la opinión pública, la ideología del liberalismo radical y de la tecnocracia insinúan la convicción de que el crecimiento económico se ha de conseguir incluso a costa de erosionar la función social del Estado y de las redes de solidaridad de la sociedad civil, así como de los derechos y deberes sociales. Estos derechos y deberes han de ser considerados fundamentales para la plena realización de otros, empezando por los civiles y políticos”. En este contexto, y dando por válidas las palabras del pontífice, si queremos construir un año 2013 en paz, debemos crecer precisamente en acuerdos de protección social y trabajo digno. Invertir en la gente e invertir en el trabajo y en la productividad de los trabajadores son pasos básicos para lograr un desarrollo más igualitario y una verdadera cohesión social.

El 2013 será un año marcado por una larga campaña electoral anticipada. Si queremos un año con desarrollo de la paz, no debemos caer en la permanente tentación de convertir las campañas electorales en momentos de división. Aunque afloren las normales diferencias y la crítica a lo largo de ellas, al menos durante los primeros meses los partidos debían dedicarse a construir una plataforma básica de desarrollo en el que se frene la desigualdad. Se los pedía recientemente el arzobispo de San Salvador cuando afirmaba que necesitamos un verdadero plan de nación. Si no escuchamos estas voces comprometidas con el bien común, 2013 será más de lo mismo: un año electoralmente confrontativo, centrado en las diferencias, sin tocar a fondo el tema de la desigualdad. Sin construir paz ni tocar la causa de nuestros problemas.

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