Lo más visto

Más de Opinión

Pensamiento de una bailarina hacia su país

Cuando tenía once años, me encontré con un curioso reflejo de quién yo quería llegar a ser. El reflejo se movía al compás de una hermosa música sobre las puntas de sus pies.
Enlace copiado
Pensamiento de una bailarina hacia su país

Pensamiento de una bailarina hacia su país

Enlace copiado

Desde entonces me he dedicado a bailar ballet. Esta carrera me ha dejado mucho más que saltar y girar con gracia y elegancia. Me dio maestros, compañeros que se convirtieron en hermanos, me inculcó valores y destrezas mentales, y lo que fue más importante para mí, me dio un hogar donde me sentí valiosa.

Ahora, con más de doce años de bailar comprendo la importancia de fomentar el desarrollo de las artes y el bien que esto puede hacerle a nuestra gente.

Bailar me gusta tanto porque me hace sentir como si tuviera superpoderes. Un bailarín es alguien que se transforma en una especie de ser fantástico, capaz de desprenderse de sus problemas para hacer magia con su cuerpo, transmitir sentimientos, contar historias, moverse en dimensiones y formas que jamás se hubieran considerado posibles. La danza me demuestra que como personas tenemos grandes capacidades, como la de hacer de El Salvador un lugar bello donde habitar, no solo estéticamente, sino bello en principios, un lugar de paz y de justicia.

El artista vive, siente, critica y en cuanto a eso crea. Su obra contiene su pensamiento y quienes la aprecian reflexionan ante lo que ocurre a su alrededor. El arte es una poderosa herramienta de análisis, comunicación y transformación, porque no solo transmite un mensaje, toca el interior de las personas.

Ser artista en nuestro país es bastante difícil. En su mayoría, nuestra sociedad está desinteresada por las actividades de este tipo. Si queremos que el arte se aprecie necesitamos más centros con educación formal en sus distintas ramas, mayor divulgación en los medios de comunicación, más apoyo a las agrupaciones artísticas para que puedan producir y pagar a sus profesionales, eventos gratuitos que permitan a la población con menores recursos asistir a ellos. Y nosotros, los artistas, debemos apoyarnos mutuamente, compartir contenido en redes sociales, asistir a los eventos del otro y hacerles difusión.

Agradezco a mi maestra, Alcira Alonso, quien no se ha rendido ante las circunstancias y sigue fomentando el desarrollo del ballet en El Salvador. Ella es el alma de nuestra escuela y compañía de danza. Sé que, como ella, existen otras almas a quienes les debemos que el arte siga vivo en nuestra nación. Pido a los encargados del hogar y a instituciones con poder social o económico, que se interesen por amparar proyectos de arte. Después de todo, ¿qué sería de la vida sin la música, la literatura, el cine? Sería como quitarle la luz que permite ver su bonito color.

Para mí, la danza es esperanza, es unión. Cuando bailamos trabajamos en equipo, directores, maestros, técnicos, bailarines, y no nos interesan nuestras diferencias. En el momento de presentarnos en el escenario luchamos juntos por sacar adelante la función. Traslado este sentimiento hacia nuestro país.

Somos millones de habitantes, muchos con pensamientos radicalmente distintos, pero si queremos sacar adelante a nuestra sociedad, debemos hacer a un lado nuestras disconformidades, respetar, escuchar y dialogar con los demás. Debemos comenzar por trabajar en nosotros mismos, educarnos para luego aportar ideas y propuestas que promuevan la cohesión social y busquen el bien común.

Lee también

Comentarios