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Pequeñas acciones con alto impacto

Con frecuencia tenemos la tendencia de creer que para resolver un problema social es necesaria la participación del gobierno y su burocracia. Nos olvidamos que en muchos casos, las acciones de millones de personas pueden generar cambios estructurales más eficientes. Nos olvidamos como individuos y comunidades del potencial innato de la cooperación y la empatía. ¿Conocemos los gustos, necesidades, profesiones y aficiones de nuestros vecinos? ¿Nos reunimos para resolver problemas y luchar por una vida más feliz y significativa? ¿Hemos hecho algo para mejorar la vida de las comunidades menos privilegiadas aledañas?
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La diversión puede ser el pegamento que permita hacer realidad el cambio social. Divertirse crea una atmósfera diferente al momento de afrontar problemas más serios y permite conocer a los demás fuera de la seriedad imperante del “mundo adulto”. Organicemos eventos deportivos, festivales gastronómicos, proyecciones de películas, etcétera. La imaginación es el límite, lo importante es tomar el primer paso para interactuar.

Según datos del MINSAL, un 65 % de las personas mayores de 20 años tiene sobrepeso u obesidad. En el mundo, tenemos un sistema alimentario sumamente eficiente en producir cantidad pero que deja mucho que desear en cuanto a calidad. Mediante una lluvia de ideas podrían encontrarse soluciones muy creativas para mejorar la salud de nuestro vecindario. ¿Qué les parece iniciar un bosque comestible en el parque? Sería más interesante enfocar los esfuerzos en cuidar plantas perennes comestibles en lugar de plantas ornamentales. ¿Qué hay sobre contactar a un agricultor local que ofrezca mejor precio porque nos hemos unido para comprar?

Como individuos tenemos un gran potencial para reducir la carga de la saturada red de recolección y tratamiento de basura. Conozco casos de personas que han logrado meter en un frasco de vidrio de medio litro la basura producida por ellos en un año. Es un círculo vicioso; los alimentos procesados (en la mayoría de los casos menos saludables) están envueltos por más empaques sintéticos, y aquellos más recomendables como frutas y verduras cuentan con un empaque insuperable: la cáscara.

Adquiramos nuevas mascotas: lombrices rojas californianas. Estos animales voraces son capaces de ingerir residuos vegetales, convertirlos en “lombri-abono” y reintegrar los nutrientes extraídos del suelo por las plantas comestibles. Compremos alimentos frescos, evitemos el agua embotellada, usemos objetos reutilizables (vasos, bolsas, y recipientes para alimentos) y sustituyamos la espuma de afeitar por la planta de sábila (aloe vera).

Vivimos en un mundo que promueve un crecimiento económico ilimitado en un planeta con recursos limitados. Somos impulsados por los medios a comprar sin parar. Nos hacen creer que necesitamos estar “a la moda” con el carro y teléfono más reciente, y la casa más grande; produciendo ansiedades incontrolables por alcanzar “estatus social”. No es de extrañarse el porqué de las increíbles triangulaciones que hacen los políticos para enriquecerse ilícitamente y adquirir sumas de dinero imposibles de gastar en una vida. La base central para trascender el consumismo, en las palabras del economista alemán E. F. Schumacher, es entender que el consumo es meramente un medio para el bienestar humano, el fin sería la obtención de un máximo bienestar con un mínimo de consumo.

Si quieres tener una lista sobre pequeñas acciones con alto impacto para implementar en tu comunidad sígueme en mi cuenta de Twitter @ahuezo10 o visita las redes sociales de @ProyectoCeroSV.
 

Tags:

  • Gobierno
  • burocracia
  • Salud
  • obesidad
  • consumo

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