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Perdonando o pidiendo perdón

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Se dice que perdonar es recordar sin rencor. Recordar porque la mente no puede olvidar las cosas que han sucedido, pero sin rencor porque la mente humana sí tiene la capacidad de manejar los sentimientos, y el rencor es un sentimiento dañino que no nos deja tener la paz y tranquilidad que se necesita para seguir adelante.

Por mucho tiempo los jesuitas han insistido en que se debe de pedir perdón por los hechos del pasado conflicto, que debe de pedir perdón el gobierno, que deben de pedir perdón los militares, que debe de pedir perdón la sociedad civil, la oligarquía, la guerrilla, en fin, todos los participantes en el conflicto que asoló al país por toda una década, la llamada década perdida, y tienen mucha razón, todos los involucrados deberían de pedir perdón, y todos deberíamos de perdonar, es la única forma de salir adelante y encaminar de nuevo a El Salvador en un camino de verdadera paz.

Sin embargo, a los jesuitas se les olvida que también ellos deberían de pedir perdón, perdón por haber envenenado a muchos desde los distintos lugares en que ellos estuvieron, desde el Seminario de San José de la Montaña, con lo que dividieron el clero; desde el Externado de San José, donde empujaron a muchos jóvenes a irse a la montaña; desde la UCA desde donde fomentaron la lucha de clases; en fin, si vamos a pedir perdón, pidamos perdón TODOS, porque solo así la sociedad salvadoreña se sentirá libre de caminar por el nuevo sendero de paz, trabajo y desarrollo, y se dedicará a combatir los males que son producto de la posguerra.

Creo que es tiempo de dejar el conflicto atrás, y aunque bien es cierto que muchas de las causas que lo provocaron siguen vigentes, también es cierto que de la forma que lo estamos haciendo no vamos a poder eliminarlas. Sí, pidamos perdón todos, pero pidamos perdón al pueblo salvadoreño por todo el mal que causamos, y al pedir perdón, demos el perdón, pero ese perdón real que no deja lugar al rencor, al odio, que nos deje lugar para recordar para no repetir lo mismo, y que le dé la oportunidad a una sociedad nueva, a una juventud nueva, a enfrentar los actuales problemas que nos aquejan.

La mayoría de los salvadoreños somos cristianos, católicos o evangélicos, y por lo tanto conocemos del amor y el perdón de Cristo, busquemos dar y recibir ese perdón, y que ustedes, jesuitas, como pastores cristianos, nos den el ejemplo de que se puede perdonar y pedir perdón. Sigamos el ejemplo de Nuestro Señor, que en el huerto de los Olivos le pidió perdón al Padre por su debilidad humana, pero en el Calvario perdonó a todos los que lo estaban crucificando, ese es el verdadero sentir cristiano.

Nosotros como sociedad civil debemos de recordar siempre los males que nos trajo el conflicto, para no repetirlo, pero también debemos de buscar la salida a este impase que nos tiene todavía buscando revanchas que no van a beneficiar a nadie. Perdonemos, y seamos perdonados, cada quien conoce su parte de culpa en lo que pasó, pero escarbando el pasado no resolveremos nada, veamos hacia el futuro y pongamos primero al país, eso nos lo agradecerán las nuevas generaciones.

Le pregunto a todos aquellos que ahora piden juicios, justicia restaurativa, etcétera, si con eso reviviremos a los muertos, a los de uno y otro lado, creo que no, y si es cierto que buscamos justicia, le recuerdo a aquellos que creen en Cristo, y espero que los jesuitas sigan creyendo en ÉL, que hay una justicia de la que nadie escapará, y esa es la justicia divina, dejemos que sea esa justicia la que al fin juzgue a los que deben de ser juzgados, y sigamos adelante por el bien de nuestro El Salvador.

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