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Perdonar setenta veces siete

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El evangelio nos pide perdonar setenta veces siete, lo que debe entenderse que es... siempre o sea, del otro lado, el equivalente a siempre actuar fielmente; para nunca necesitar el perdón.

Para comprender esto, Jesucristo acompaña esta petición con una parábola, donde un rey poderoso le perdona la deuda a un súbdito, pero este a su vez no se la perdona a su hermano, lo cual provoca la ira posterior del rey y lo manda al sufrimiento eterno. El evangelio nos confirma que si no perdonamos a los que nos ofenden, tampoco Dios va a perdonar nuestras ofensas.

Perdonar siempre es algo que no logramos procesar. La mayoría de las veces se pone como condición algún tipo de requisito. Sin embargo, lo que nos manda Jesucristo es que no debe haber ningún tipo de exigencias y debemos perdonar, sin esperar nada a cambio. Al final, lo que quiere que comprendamos del mandato es que eso nos va a hacer sentir mejor a nosotros mismos y los que nos rodean.

Cuánto bien traería a la mayoría de familias salvadoreñas el aplicar este pequeño, pero difícil de comprender, consejo. La cantidad de divorcios y familias quebrantadas por la falta de perdón alcanza ya cifras alarmantes. Se nos olvida que en el principio, ambos esposos prometieron la fidelidad, ante Dios, en todas sus acciones.

Además, nuestras condiciones políticas, económicas y sociales mejorarían sustancialmente, si esta promesa de fidelidad de los esposos se cumpliera, cuando menos, en la mayoría de matrimonios. Por el contrario, a veces da la impresión de que la promesa se hace con la idea de no cumplirla, pues desde un inicio existe la convicción que, en el mundo moderno de hoy, es imposible realizarla y solo es algo “romántico”, que exige la Iglesia Católica.

Hasta aquí pareciera que el perdón y la fidelidad es solo un problema de familia. Lo que no hay que olvidar es que la familia es el núcleo principal de toda sociedad y como tal, lo que sucede en las familias repercute, tarde o temprano, en todos los habitantes de un país.

Los que ahora son funcionarios de gobierno, dirigentes de partidos políticos, empresarios, jefes militares o dirigentes de cualquier índole, fueron en un momento dado hijos e hijas de una familia y como tal, su comportamiento y valores fueron inculcados por ella. Ya adultos, poco puede esperarse en cuanto a un desenvolvimiento diferente al de sus padres.

Lo mismo que se aplica en el plano familiar se aplica en cuanto a la democracia y por supuesto, a los partidos políticos, que son las instituciones equivalentes a la familia en el plano político, social y cultural de un país.

En plena democracia, nada de lo que ocurre en los partidos políticos debe considerarse como de uso privativo de dicho partido, pues cada una de sus decisiones repercute en toda la sociedad. Esto está incluido en la definición misma de democracia. Luego, toda decisión de un partido político debe tomarse de forma transparente y sin procurar esconder la verdad del porqué se decide una u otra acción.

El pretender hacer otra cosa, así como el FMLN acaba de hacer al implantar restricciones a sus propios militantes, para asistir a su convención partidaria, es el equivalente a aquel súbdito de la parábola, que habiendo sido perdonado por el rey y que en este caso pudiera ser el equivalente a cuando los militantes eligieron a su actual dirigencia, lo que ahora hace la dirigencia es olvidarse de ese privilegio y decide ir en contra de los intereses de su propio partido; si es que el FMLN sigue pretendiendo, como desde siempre lo ha expresado, seguir promoviendo el proceso democrático de nuestro querido país.

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