Periplo

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AbogadoSe avecinan nuevas elecciones de concejos municipales y diputados en el país, las algarabías partidarias se desatan en todo su esplendor. Trataremos de hablar de un modesto y nimio simulacro de su proceder.

Como un introito diremos que los sueños de pertenecer y participar en política en una persona son genuinos. La política es el proceso de tomar decisiones para garantizar el bien común en la sociedad. Asumir una responsabilidad de funcionario no se puede ver como una oportunidad de mejorar la calidad de vida personal.

Pero vamos a los que nos reúne, algunas personas se vuelven a reelegir, son pocos los nuevos rostros. Canciones, ritmos, discursos, jaleos verbales, caravanas, la consabida habilidad y destreza de ese galimatías. Lo novedoso puede ser el discurso de los que se han perpetuado durante mucho tiempo y no habían cambiado su plataforma verbal, ergo, nos hemos acostumbrado a sus estandarizadas promesas, y de imperiosa necesidad es que modifiquen sus alocuciones. Incluso están imbricadas, como una buena novela cuando ya se sabe el próximo capítulo, y todo se vuelve un periplo.

La parte nostálgica y sentimental durante estos acontecimientos electorales es cuando empiezan a abrazar ancianos y a chinear niños, son conmovedores, quién es más fotogénico y telegénico. Los avezados son los que tienen el don de la palabra y logran cautivar con sus mensajes de “vienen tiempos mejores”. Los que se han emancipado de la política atisban y ya no los vislumbran, al contrario, condicen esa peripecia verbal, la dije en mi tiempo pero de distinta manera.

El rol de hacer política en algunas ocasiones es chirle, incluso andan averiguando la genealogía de su adversario. Despellejar verbalmente a un contendiente político dudando de su orientación sexual o atribuyéndole que es travieso de las manos, para desmerecer toda su credibilidad y deslucir su honorabilidad con inventivas procaces es actitud de un cacaseno.

La población se desencanta cuando no observa en los tribunos salvadoreños enseñanzas básicas de Demóstenes y Aristóteles, solo ve reuniones en entusiasmada camaradería y de explayada sociabilidad, todo es parafernalia. La gente se pregunta qué trivial es lo que hacen. No hay sorpresa, no hay luminiscencia. Hay gente humilde en El Salvador que tiene un conocimiento oceánico, hay que hablarles con propiedad.

En estos eventos electorales la generosidad se manifiesta, los aspirantes regalan láminas, piñatas, víveres y muchas cosas, personalmente estoy de acuerdo con esas bondades y es de buen talante que lo hagan.

Goethe era un hombre de enfermiza curiosidad, no esperaba la aprobación de los demás, se dedicaba a trabajar. Un diputado tiene que quitarse tanto prejuicio partidario y dar un giro copernicano. Tiene que fomentar microempresas, gestionar en los departamentos dependencias gubernamentales que no existen, para trámites más ágiles, para no hacer esos viajes tan engorrosos y sinuosos a la capital. Pasar más tiempo en sus departamentos, son más anuentes a aparecer en actos públicos. Muchas calles están deterioradas, gestionar su pronta restauración, hay tantas cosas que hacer. Andrè Maurois decía: “El horizonte es negro, la tempestad amenaza; trabajemos. Este es el único remedio para el mal del siglo”.

Hay que felicitar a los diputados, en lontananza se empiezan a poner de acuerdo y eso es bueno.

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