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Perspectivas económicas

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Roberto Rubio-Fabián

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Hace casi cinco años, en enero de 2015, el FMI advertía que el principal desafío para El Salvador era "salir de la trampa del bajo crecimiento y elevado nivel de deuda" (EDH 16/1/2015). Si no se salía de esta trampa, el FMI vaticinaba que la combinación de bajo crecimiento y alto déficit elevaría la deuda por encima del 70 %, vaticinio que se ha cumplido. Una trampa que nos ha mantenido durante años en tasas de crecimiento de alrededor del 2 % (con suerte llegando al 2.5 %). ¿Hay perspectivas de salir de esa trampa? Los datos apuntan a que no saldremos en el corto plazo, y que, si no hay cambios sustantivos en el esquema de funcionamiento de la economía, tampoco saldremos en el medio/largo plazo.

En el corto plazo, para 2020, a pesar de todas las promesas de inversión, nacionales e internacionales, organismos internacionales coinciden en que la tasa de crecimiento no pasará del 2.5 %. Tasa insuficiente para salir de la trampa mencionada. Por ejemplo, con esa tasa de crecimiento la economía salvadoreña no es capaz de producir mucho más allá de los 10 mil empleos anuales. Mientras tanto, al mercado laboral entran cada año entre 50 y 60 mil personas aptas para trabajar. Su destino: la informalidad, la migración... o las pandillas.

Más aún, y mientras no suceda algo extraordinario, hay datos que indican que la economía podría estarse debilitando: de enero de 2018 a 19 se crearon 9,445 empleos, pero de septiembre de 2018 a 2019 se crearon casi mil menos (8,425); las exportaciones a octubre de 2019 apenas crecieron 0.5 %; el sector de la construcción creció a febrero 19 al 6.6 % pero a septiembre lo hizo a 6.2 %; a octubre de 2018 la tasa de crecimiento del sector manufacturero fue de 2.1 %, mientras que a octubre 19 apenas fue 0.7 %; el IVAE experimentó una tasa de 3.41 % a febrero de 2019 y bajó a septiembre a 2.97 %. Asimismo, el principal motor de nuestra economía, las remesas, se ha desacelerado: en el período enero-octubre de 2018 se incrementaron a un ritmo de 8.8 %, pero para el mismo período de 2019 su dinámica se desaceleró a casi la mitad, 4.5 %. Todo ese panorama podrá complicarse si la actual desaceleración de la economía mundial alcanza también la economía norteamericana.

Mientras tanto, no se avizora que el sector público pueda funcionar como factor importante de dinamización económica, dado sus limitados márgenes fiscales. El déficit fiscal va en aumento: en 2017 fue del 2.5 % del PIB, del 2.7 % en 2018 y se estima cerrará el año con 3.1-3.2 %. Los ingresos tributarios a octubre de 2019 incrementaron a una tasa de 1.3 %, mientras los gastos corrientes crecieron más del triple (4.5 %). Con todo ello, la deuda con pensiones, como lo previó el FMI, alcanzaba a octubre 19 el 73.3 %. Con las sustantivas solicitudes del gobierno para más préstamos, y sin salir de la trampa de bajo crecimiento, la deuda será mucho mayor e insostenible.

A medio/largo plazo, no hay por el momento acciones que tiendan a enfrentar los factores estructurales que nos mantienen en dicha trampa: dependencia excesiva de remesas, consumismo, inversiones de bajo valor agregado, sector externo poco competitivo y diversificado, frágil/débil sector público, falta de mano de obra calificada, incertidumbres jurídicas y políticas, falta de plan de desarrollo articulado y apuestas productivas estratégicas, etcétera.

En fin, perdón por ir en contracorriente del optimismo empresarial que campea en estos días. Pero es una lectura de los datos de la realidad.

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  • FMI
  • bajo crecimiento
  • deuda
  • remesas
  • sector público
  • préstamos

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