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Pescadito

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Cristian Villalta - Gerente Editorial de grupo LPG

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Dos semanas después, el Movimiento Pescadito Ruiz continúa en la clandestinidad. Es sin duda un éxito organizativo de esa célula terrorista toda vez que uno de los vehículos que usaron antes de su sabotaje a la infraestructura criptobancaria tenía no sólo número de placa identificable sino un número de teléfono para que los ciudadanos reportaran "cómo manejo".

Fuentes cuya procedencia me reservo porque el sarcasmo no requiere de ninguna sostienen que ya hay información periférica de utilidad sobre los fascinerosos: que les gusta el fútbol -quién si no confundiría al Diablito con el Pescadito-; que al menos uno de ellos vio "V de Vendetta" y a falta de máscaras de Guy Fawkes pensó que unas camisetas de a dos por el dólar tendrían el mismo efecto dramático; y que son unos inútiles.

Sobre su incompetencia, basta decir que a la muy probable instrucción de mezclarse con la multitud antes de dañar la propiedad pública, respondieron haciéndose notar con unos modos de matón de discoteca, y que hablaron con tanta gente y se les tomaron tantas fotos que es probable que como mínimo sus familiares y vecinos ya los han reconocido. Curiosamente, el brazo del ministerio público aún no ha apretado a estos parientes pobres de Al Qaeda pese a que el mismísimo comandante en jefe los mencionó en su alocución conmemorativa al Bicentenario, refiriéndose a los manifestantes que sólo se presentaron "a vandalizar".

Perdonando el exceso de humor barato, creo que usted, yo y miles más queremos saber quiénes estaban detrás de los gorros, las máscaras y las pañoletas. No sólo es que tengamos la curiosidad, el apetito de saber qué hay detrás de lo insulso, si sólo delincuencia o también conspiración y de quién, es que las autoridades a las que les pagamos sus salarios, sus camionetas de lujo, su fanfarria de guardaespaldas y las bien almidonadas guayaberas de esos guardaespaldas, sus chumpas con logos rediseñados y hasta sus satinadas mascarillas están obligadas a darnos resultados.

Ya nos acostumbramos a que el Estado reniegue de sus cuentas más vergonzosas con la justicia, que el caso El Mozote se vaya al traste por voluntad del presidente, sus diputados y magistrados, que los efectos de la Ley de Amnistía General para la Consolidación de la Paz perduren pese a su inconstitucionalidad, que la población no tenga libre movilidad a menos que los dueños del control territorial se lo permitan, que en Chalchuapa los funcionarios cerrarán el acceso a la información y convirtieran el peor crimen en la historia democrática del país en un ataque contra el periodismo y los deudos de las víctimas.

Además, ya entendimos que el objetivo de este gobierno es idéntico al de los anteriores, que es la explotación del Estado para favorecer los intereses económicos de sus financistas y entenados; eso siempre va en menoscabo de la población porque supone explotar abusivamente los recursos nacionales, evadir controles y regulaciones, no someterse a la competencia igualitaria al competir para ser contratista o proveedor del gobierno, y tener a la parentela contratada en todos lados. Hasta que la gente esté contenta o distraída, habrá vino, cajeros Chivo, cajas con comida y Twitter; y por si acaso la luna de miel se acaba, habrá 20 mil efectivos más en la Fuerza Armada.

Conservador, autoritario, más funcional contra "el enemigo interno", fuerza de control social y nunca de cohesión social, nada le caería mejor al gobierno en este momento en que parece que nos dirige Chespirito que descubrir toda una trama conspirativa. Sería el manjar de los propagandistas, materia de cadena nacional, la nueva telenovela de los evangelistas del presidente.

Difícil no está. Aunque no tengamos entre las filas policiales la genialidad de Tiburcio Telénguez y el cabo Nicolasito Pulga, lo cierto es que descubrir a los organizadores del Movimiento Pescadito no ocuparía ni dos páginas de un librito de Agatha Christie. Considerando que la actuación de no más de una decena de brutos le ha dado pie al oficialismo para satanizar mala y mediocremente la marcha del 15 de septiembre, es fundamental detenerlos y preguntarles quién les organizó y convocó, y si les ofreció algo a cambio.

Así que, estimados Sherlock, Watson y Matute... a devengar, macho.

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