Pese a todos los tropiezos que va encontrando en el camino, la transparencia se abre paso en nuestro complicado ambiente

Los casos de dos ex Presidentes de la República puestos en el banquillo por supuesto enriquecimiento ilícito no tienen precedentes en el país, ya que en el pasado, aun el inmediato, el presidencialismo era una especie de camarín intocable.
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Al hacer un recuento de lo que se vive en el día a día de nuestra realidad nacional, una de las evidencias que van saliendo constantemente a la luz es la referente al desvelamiento progresivo de las acciones de los funcionarios públicos, específicamente los de más alto nivel, cuyos comportamientos estuvieron siempre protegidos por muchas coberturas de silencio y por ende de impunidad. Si comparamos lo que ocurre al respecto en nuestros días con lo que se daba en las diversas etapas del pasado es fácil constatar los avances que se vienen logrando, sobre todo en los tiempos más recientes. Y a esto han contribuido y contribuyen, de manera notoria y muy determinante, las voces ciudadanas que proliferan desde los distintos espacios de la sociedad civil, que se posiciona frente al poder como nunca antes.

El tema de la probidad, para el caso, es de los más sensibles; y, aunque en el ámbito legislativo se acaba de aprobar una ley sobre esta temática que deja mucho que desear, el contrapeso de la justicia constitucional hace que la decisión legislativa, que en otro momento hubiera sido incontrastable, esté hoy en capilla ardiente. Los casos de dos ex Presidentes de la República puestos en el banquillo por supuesto enriquecimiento ilícito no tienen precedentes en el país, ya que en el pasado, aun el inmediato, el presidencialismo era una especie de camarín intocable. Lo que está pasando es expresión de un fenómeno de apertura hacia el conocimiento real de lo que se da en las interioridades de la función pública, que ya no es un recinto tapiado como lo fue por perversa tradición.

También en áreas tan sensibles como la Asamblea Legislativa y la Fiscalía General de la República se están abriendo los canales de la transparencia, pese a las múltiples formas de resistirlo. Y todo esto tendrá, entre otros efectos, el de inducir limpiezas periódicas y verificables, que vayan evitando que las instituciones sean focos de permanente contaminación. Entes como la Policía Nacional Civil y el Sistema Judicial están directamente expuestos, por la propia naturaleza de sus funciones y responsabilidades, a todas las formas imaginables de infiltración pervertidora y controladora, hasta en sus más elevados niveles; y por ello los ejercicios de evaluación periódica efectiva del desempeño institucional deben volverse muestrarios de buen funcionamiento en todo sentido.

La transparencia es vital para preservar y mantener la salud del sistema en todas sus estructuras y mecanismos de acción. Los responsables de la gestión pública, en los diversos campos de esta, son los primeros obligados a dar el ejemplo de la responsabilidad en sus variadas expresiones. Hay que erradicar para siempre todas las prácticas abusivas y todos los aprovechamientos indebidos. Y el mejor garante de que esto se dé es el ciudadano, con su ojo atento y con su voz oportuna.

La impunidad es un cáncer invasivo que acaba postrando a la sociedad entera. Es indispensable que la legalidad opere como preventivo y como correctivo verdaderamente eficaz. Y la transparencia es vital para conocer en serio y a fondo lo que está pasando dentro del sistema. Como decíamos al principio, los avances al respecto son notorios, y se deben seguir impulsando con habilidad y firmeza, en función de un país que sea sostenible en todos los órdenes. Si es así, el futuro puede ser realmente mejor.

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