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Piénsenlo, electores presidenciales

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Rafael Ernesto Góchez / Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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Miles de conciudadanos rechazan, abandonan y desconfían de los dirigentes y partidos políticos tradicionales. Este fenómeno (politicofobia) sucede en muchos países y en El Salvador es una corriente que está creciendo rápidamente, pero nadie sabe hacia dónde conduce. Consiguientemente, es oportuno reflexionar sobre dicha tendencia psicopolítica y contribuir a que predomine la sensatez y el entendimiento.

Un punto clave es conocer las actitudes y los matices de los gobernados. Para el caso, el factor tecnológico predomina en los jóvenes, el factor económico incide fuertemente en la clase media y el factor político-institucional pesa más en los mayores de 40 años de edad. Estos elementos influyen en los resultados electores; por ejemplo, el voto de la clase media y de las personas mayores de 40 años fue decisivo en los comicios municipales y legislativos de 2018.

En este contexto y dado que El Salvador tiene limitados recursos para solucionar múltiples problemas, hay que contener a demagogos y populistas. Quien plantee que los problemas se pueden solucionar de forma simultánea y en cinco años, es un demagogo; y quien manipula la opinión pública, asegura representar al pueblo y pretende gobernar a nombre del pueblo, es un populista. Por ello, los electores presidenciales 2019 deberían considerar los siguientes puntos.

1. Definición de las prioridades en el quinquenio 2019-2024. Un máximo de cinco problemas deberían precisarse para concentrar esfuerzos y recursos públicos. Conviene, por lo tanto, elaborar una agenda de país y crear un observatorio cívico para monitorear la efectiva implementación y el logro de las metas de dicha agenda.

2. Explicación de cómo y con qué recursos se van a superar los problemas priorizados. Ningún candidato presidencial lo ha explicado satisfactoriamente en el siglo XXI y a pesar de esa falla, incontables ciudadanos siguen creyendo en las promesas electorales y acudiendo a las urnas. Es decir, el refrán “cada pueblo tiene el gobierno que merece” sigue vigente en El Salvador.

3. Decisión de abandonar la lucha de clase (dejar de inculcar el odio entre los salvadoreños). El reto de la ciudadanía es practicar valores democráticos (tolerancia, pluralismo y participación) y rechazar la retórica ideológica, analizar la realidad nacional y levantar la voz constructivamente. No es posible que los salvadoreños se vuelvan a tropezar con la misma piedra.

4. Conciliación de la agenda de la comunidad internacional con las prioridades nacionales. Las limitaciones presupuestarias hacen que varias organizaciones gubernamentales y ONG convengan en ajustar sus objetivos y planes. Lo transcendental es que El Salvador entienda que hay que priorizar y que lo primero es “ordenar la casa”.

Conclusión: El Salvador tiene enormes problemas y limitados recursos para solucionarlos. En tal sentido, convendría que los electores presidenciales actuaran inteligentemente y apegados a la realidad nacional. ¿Cómo? (1) Favoreciendo el debate de ideas, (2) demandando que se fijen claramente las prioridades del quinquenio 2019-2024 y (3) solicitando a los candidatos presidenciales que expliquen cómo y con qué recursos van a superar los problemas priorizados. La esperanza es que hay un número creciente de gobernados que desconfían de las promesas electorales y exigen que los problemas del país sean abordados sin demagogia ni populismo.

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