Pista ciudadana

El Estado salvadoreño es amenazado por el control criminal del territorio. La población está agobiada por la violencia delincuencial y la falta de trabajo decente. Crece la desconfianza de los gobernados hacia los gobernantes. Aumenta el número de connacionales que piensan que la real motivación de la confrontación política-partidaria es el dominio del aparato estatal. Estos elementos conllevan a formular la siguiente hipótesis: ha llegado la hora de hacer valer la voz ciudadana en pro de sus intereses y derechos.
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Aceptar esta hipótesis significa, entre otras cosas, que los diferentes sectores sociales fortalezcan su organización e incidencia en la toma de decisiones. De moverse en esa dirección, la ciudadanía deberá tener presente las siguientes consideraciones: (1) El Salvador ha experimentado diferentes tipos de gobierno y aún no existe un proyecto de país, (2) El Salvador le puso fin al conflicto bélico a través del diálogo, pero sus problemas estructurales continúan profundizándose, (3) El Salvador aún cuenta con dirigentes que se quedaron atrapados en la guerra fría (hay unos que aún piensan que todos los males de los salvadoreños han sido provocados por los ricos y el imperialismo estadounidense, y otros que siguen adorando al mercado, despreciando al Estado e ignorando a la sociedad).

Los ciudadanos han aprendido varias lecciones. Una, el país ya agotó el capital político generado por el Acuerdo de Paz. Dos, los tomadores de decisión están desperdiciando la oportunidad que brinda la alternabilidad en la Presidencia de la República. Tres, los funcionarios públicos y dirigentes partidarios –por sí solos– no pueden superar la crisis que vive El Salvador.

La clave está en que los ciudadanos participen responsablemente en los asuntos que afectan sus vidas. Por ello, hay dos situaciones que conviene considerar en los espacios de diálogo y al momento de definir los roles de los actores participantes: (1) Las gremiales empresariales expresan los intereses del mercado y no los de la sociedad. Su representación es legítima y decisiva para crecer económicamente y sacar adelante al país. (2) Numerosas ONG han sido penetradas por partidos políticos o siguen agendas foráneas.

Este ensayo sugiere construir una agenda nacional sobre la base de la ecuación Estado, sociedad y mercado. De no hacerse así, los ciudadanos seguirán recibiendo dos ofertas incompatibles: una pro mercado y otra pro Estado. Esta dicotomía es la que impide que El Salvador tenga certidumbre y que los dirigentes políticos y económicos entiendan objetivamente la transformación que experimenta la sociedad salvadoreña.

Lo crítico de este panorama es que los partidos políticos ya no dan más. El gobierno está desvanecido y endeudado. La ANEP exhausta. La ciudadanía apática. Esta situación ha sido entendida –desde hace décadas– por miles de compatriotas. Es decir, numerosos connacionales saben que su país es incapaz de ofrecerles seguridad y oportunidades para progresar. Prueba de ello es que una cuarta parte de los cuscatlecos vive en el exterior.

¿Qué se necesita? Un liderazgo democrático capaz de construir un proyecto de país sobre la base de la participación ciudadana y la rendición de cuentas. Ello implica, entre otras cosas, que los diferentes sectores se organicen y participen en defensa de sus intereses y derechos. La acción ciudadana se materializa en los medios de comunicación, redes sociales, comunidades, calles, elecciones y movimientos cívicos, entre otros.

Tags:

  • delincuencia
  • poblacion
  • acuerdos de paz
  • alternabilidad

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