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¿Pisto o sabiduría?

En algunos países, llamados eufemísticamente “en vías de desarrollo”, entre algunos es común el dicho: “No me des, Señor, pero poneme donde hay”, desvelando el motivo que los lleva a determinados sitios y trabajos.
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Otra característica es que siempre las administraciones están pidiendo más dinero y en algunos casos, gravando con más impuestos a la población. Pareciera que solo el dinero puede resolver los graves problemas de crimen, violencia, miseria, pobreza, subdesarrollo y corrupción que en algunas naciones son los problemas de todos los días. Ya se les asignó presupuesto, incluso cifras considerables, pero los problemas no se resuelven y cada vez exigen más. ¿Será esa la solución, cuando las abundantes evidencias a lo largo y ancho del mundo indican que rápidamente esos recursos van a parar a bolsillos privados o se malgastan en regalos, fiestas, vino y viandas, lo que constituye una bofetada en el rostro de los pobres que muchas veces no tienen un mendrugo de pan que llevarse a la boca?

Incluso para los no creyentes puede resultar de interés la lección bíblica que configura un caso distinto. En 2 Crónicas 1: 7-13 se narra que Dios se apareció a Salomón y le dijo: “Pide lo que quieras que yo te dé. Entonces Salomón dijo a Dios... Dame ahora sabiduría y conocimiento, para que pueda salir y entrar delante de este pueblo; porque, ¿quién podrá juzgar a este pueblo tuyo tan grande? Y dijo Dios a Salomón: Por cuanto esto estaba en tu corazón, y no has pedido riquezas, ni bienes, ni gloria, ni la vida de los que te odian, ni aun has pedido larga vida, sino que has pedido para ti sabiduría y conocimiento para poder gobernar a mi pueblo sobre el cual te he hecho rey, sabiduría y conocimiento te han sido concedidos. Y te daré riquezas y bienes y gloria, tales como no las tuvieron ninguno de los reyes que fueron antes de ti, ni los que vendrán después de ti”.

Dios bendijo a Salomón y además de la sabiduría que pidió, le concedió riquezas. La riqueza, los bienes, la gloria, vendrían por añadidura.

Empero, en varios sitios es al revés. Se piden riquezas y no sabiduría y nunca la van a pedir ya que no creen. Para liderar y administrar hay que saber por lo menos algunas cosas elementales. Los problemas no se resuelven solo poniéndoles pisto encima para hacerlos desaparecer. Es más importante la sabiduría, que en general se define como capacidad de pensar y de considerar las situaciones y circunstancias distinguiendo lo positivo de lo negativo; sapiencia; conocimiento profundo adquirido por estudio o experiencia. La sabiduría viene con el tiempo y significa también prudencia en el modo de conducirse en la vida.

En su informe regional “Privilegios que niegan derechos, desigualdad extrema y secuestro de la democracia en América Latina y el Caribe”, Oxfam –prestigiosa organización de izquierdas– encontró que “la corrupción pública aparece como un fenómeno generalizado en la región: en 2014 el 70 % de la población latinoamericana percibía a su gobierno como corrupto”.

Asimismo, “el secuestro de la democracia se expresa de varias maneras: la asignación irregular y opaca de contratos, la sobrevaluación de obras o la entrega o venta de terrenos estatales subvaluados; y clientelismo, que se manifiesta en compra de votos, contratación de empleados públicos solo por su adscripción política, priorización de políticas asistenciales y otorgamiento de servicios públicos como favores. Algunas son ilegales; otras son legales, pero todas ellas son ilegítimas”.

Conviene a los pueblos pedir sabiduría para que su lucha contribuya efectivamente a resolver estos problemas.

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  • economia
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