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“Plan 10”: irracional y costoso

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Juan Héctor Vidal / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Praga. Era inconcebible que el FMLN permaneciera impávido frente al desastre electoral del pasado 4 de marzo. Más allá de buscar chivos expiatorios ante un descalabro anunciado, tenía que encontrar pretextos donde no los hay, como aquello de la poca información sobre los logros del gobierno, la irresponsabilidad de los de a pie y el castigo recibido de los menos favorecidos por la política –hoy la consideran errada– de los subsidios. Ninguna de estas excusas pasa la prueba más elemental; pero algún pragmatismo político se le puede conceder al “Plan 10”, aunque tampoco el colectivo se traga esta nueva cortina de humo.

El cambio de funciones y las rotaciones menores tampoco garantizan nada, pues la ineficacia, la subordinación de los objetivos nacionales y el uso discrecional de los recursos ya están enquistados en la “cultura organizacional” y en el corto tiempo, ni siquiera desdibujarán los supuestos problemas que llevaron al partido casi al despeñadero. Lo peor es que hasta ahora reconocen que la han estado regando por casi diez años. Como dicen los economistas, se trata de enfrentar problemas estructurales, que no se resuelven de la noche a la mañana porque todo está podrido. De moderar la crítica social ante tanta corrupción, mejor no hablemos, a pesar de lo aseverado por el canciller en la VIII Cumbre de las Américas.

Para la mayoría, todas las acciones anunciadas solo responden a una salida populista, que no conducirá a otra cosa que a empeorar la situación fiscal. Algunas estimaciones gruesas indican que solo la subida de los subsidios implicaría comprometer recursos por alrededor de $60 millones que ya están asignados en el presupuesto a otros rubros. Pero, así como se perfilan las cosas, podría descartarse casi con toda certeza, que no se afectaría la partida para contratar más activistas, agrandar el programa Ciudad Mujer y los festivales del “buen vivir”. Obviamente, tampoco se reduciría, y, por el contrario, aumentaría, la propaganda y los viajes costosos a países africanos inexistentes, o como los que se inventa Trump. Sí dejarán vacías otras gavetas para sustituir los bienes muebles que se “clavaron” los defenestrados.

Hablando de recursos, no se puede obviar la precaria situación que presentan las empresas públicas, sobre cuyas finanzas descansan muchos subsidios, para terminar, por una parte, castigando más a la clase media y, por otra, proveyendo servicios escasos de mala calidad. El caso de ANDA, cuyo nuevo titular ha considerado que la autónoma está en quiebra técnica, podría generalizarse. Es casi seguro que otras –antes ejemplos en América Latina por su buen gobierno, su excelente accionar operativo y su visión estratégica, como CEL y CEPA– ahora comparten el dudoso privilegio de exhibir, la primera, una miopía extrema, la otra, una ostentosidad ridícula. Claro, ambas son manejadas por funcionarios vinculados directamente con los dueños del circo.

Para colmar nuestra paciencia, hasta los que supuestamente salieron gananciosos en las pasadas elecciones se han unido al coro de los que piden aumentos de los subsidios, y hasta protección y creación de plazas para los exdiputados vivianes y sus amanuenses, dilapidando recursos que ignoran las carencias de los hospitales y las escuelas. Y cuando en estas iniciativas se unen tirios y troyanos todo se complica, pues el costo que implican los negociados, todo pasa a un segundo plano. Seguramente no conocen aquella frase que se hizo famosa en la administración Clinton: “Es la economía, estúpido”.

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