Plan de Nación para la transformación y futuro de El Salvador

El liderazgo nacional del cuarto de siglo de posguerra fracasó en el objetivo estratégico de darle sostenibilidad a la paz, a la convivencia y al progreso económico y social.
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Mientras nos aproximamos al XXV aniversario de los Acuerdos de Paz liderando los índices de epidemia social y homicidios a nivel mundial, el menor crecimiento económico sostenido en Latinoamérica, y una de las mayores vulnerabilidades ambientales a nivel internacional, en pleno río de sangre, confrontación y estancamiento, podemos afirmar con plena convicción que El Salvador no tiene ninguna viabilidad y futuro alguno. El liderazgo nacional del cuarto de siglo de posguerra fracasó en el objetivo estratégico de darle sostenibilidad a la paz, a la convivencia y al progreso económico y social. Mientras tanto, el gobierno y el liderazgo político nacional se preparan a celebrar el XXV aniversario de los Acuerdos de Paz, anunciando el presidente una agenda de nación.

Pero la vida cotidiana para gran parte de la población, todos los días, meses y años transcurre sepultando a un familiar o a un amigo, dando gracias por un día más de vida, luchando sin tregua ni pausa para sobrevivir y apenas progresar, pero fundamentalmente administrando la pobreza y la escasez, o yéndose a Estados Unidos a probar mejor suerte, el destierro, el histórico éxodo nacional, la válvula de escape de siempre.

Y así ha transcurrido esta tragedia nacional llena de muerte y de vida de una década a otra, de una generación a otra, del trágico siglo pasado a este en que de nuevo estamos de luto, con limitada ilusión, con muy poca esperanza. Con opresión, represión y matanzas transcurrió el siglo pasado. En sus últimos años, finalmente nos pusimos de acuerdo. Pero solo después de 80 mil muertos y desaparecidos, decenas de miles de lisiados, el éxodo de cientos de miles que hoy son millones y un tercio de la población nacional afuera, retrocediendo tres décadas en una sola de confrontación nacional. Y lo hicimos finalmente, presionados por el pueblo y los poderes mundiales, para firmar los Acuerdos de Paz, con la firme promesa de NUNCA JAMÁS.

Y aquí estamos de nuevo un cuarto de siglo después con tanta o más incapacidad, confrontados y maniatados, en medio de otro río de sangre, estancamiento económico y social y entrampamiento político, con tanta o menos viabilidad y futuro que hace cuatro décadas, cuando por la incapacidad del liderazgo nacional, se perdió otra oportunidad de construirle viabilidad y futuro a nuestro pequeño y querido país. Entonces las proyecciones de crecimiento poblacional para concluir el siglo eran de 10 millones. Quince años después somos nueve y medio millones, seis y medio aquí, y tres afuera.

Mientras los gobiernos de los partidos y los partidos de los gobiernos nos han mantenido en la confrontación y división eterna, creando cada vez más muros y obstáculos entre nosotros y con el mundo, sin mayor visión y estrategia de desarrollo, las transformaciones aceleradas no se detienen afuera, aumentando permanentemente nuestras brechas y rezagos con el mundo que no han cesado de crecer en las últimas tres décadas y media.

Articular, consensuar y ejecutar hasta mediados del presente siglo una nueva visión de gran consistencia y actualidad, que haga clic con nosotros y el mundo, y una estrategia compartida para ejecutarla, transformando y creándole viabilidad y futuro a la nación salvadoreña, debería ser la principal tarea estratégica del liderazgo salvadoreño, la que ahora menor importancia tiene.

Pero en el discurso de conmemoración del 2.º aniversario de su gobierno, el presidente Sánchez Cerén afirmó: “Para nuestro gobierno la conmemoración del 25 aniversario de los Acuerdos de Paz representa una nueva oportunidad para unirnos en un solo objetivo: lograr la tranquilidad y el bienestar de El Salvador. Por ello, propongo al país la construcción de una agenda de nación que nos permita alcanzar la seguridad ciudadana y el desarrollo con bienestar para todos los salvadoreños. Este es el reto que la patria nos demanda para las presentes y futuras generaciones”.

Presidente, tuve la impresión que lo que podría terminar siendo su más importante legado pasó desapercibido. Estoy seguro que si nos lo explica con mayor énfasis y detenimiento, muchos le tomaremos la palabra, interesados en saber cómo podría organizarse y dar inicio a tan importante tarea.

En los próximos 6 meses se tendría que trabajar arduamente para que el 16 de enero de 2017 esté lista dicha agenda y pueda anunciar que a partir de la misma se trabajará, hasta el final de su gobierno, en un Plan de Nación. Desde ahora hasta el final de su gobierno transcurrirán tres años, tiempo suficiente para organizar un Plan de Nación que podría llegar a ser luz alta y referente fundamental para el próximo cuarto de siglo.

Los autobombos y congratulaciones anuales de los Acuerdos de Paz de los últimos 24 años, en la tragedia, confrontación y postración cotidiana dicen cada vez menos a los salvadoreños, particularmente a las nuevas generaciones. Si para el XXV aniversario usted logra que el proceso hacia un Plan de Nación esté organizado, avanzado y planificado para concluir antes del final de su mandato, le hará un gran servicio al país, constituyéndose en el más importante legado de su gobierno. Porque eso es lo que necesitamos, un Plan de Nación para la transformación y el futuro de El Salvador.

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