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Plaza Vacante

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Williams González - Economista, catedrático de negocios e innovación y consultor político

Williams González - Economista, catedrático de negocios e innovación y consultor político

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En el gobierno hay una vacante de ética, perdida ante el nepotismo y la corrupción.

La capacidad para atraer talento caracteriza a las empresas, instituciones y equipos que son "Grandes lugares para trabajar", es decir que generan condiciones idóneas para la satisfacción profesional y personal de sus colaboradores. La reciente renuncia del presidente del Banco Central de Reserva, sumada a otras sustituciones, así como los casos de corrupción o negligencia del Ejecutivo nos hacen cuestionar precisamente su potencial para atraer talento. Ante la pandemia, la crisis económica y la precaria situación fiscal debemos reflexionar sobre las implicaciones de que exista en el gobierno una plaza vacante.

Es evidente la dificultad para atraer perfiles con formación y experiencia en las dependencias del gobierno. Al revisar las hojas de vida de los funcionarios identificamos limitaciones e incluso carencias de credenciales académicas y profesionales ideales para los cargos que ocupan. Por el contrario, lo que abunda entre los empleados públicos en altos cargos es la cercanía e incluso el parentesco con el Presidente, lo que refleja que la lealtad y la fidelidad son más preciadas que el criterio y las habilidades para hacer bien su trabajo y servir a los salvadoreños.

Esa ausencia de talento ya nos pasa factura: la militarización de la Asamblea Legislativa, la deficiente aplicación de los protocolos de salud ante la pandemia, la ausencia de un plan económico y su ejecución, así como los fuertes indicios de corrupción en las millonarias compras de los últimos meses reflejan el peligro y la limitación de tener un gobierno de cercanos y no de capaces. Ese costo lo paga la ciudadanía cuyos impuestos no se transforman en obras y en bienestar; los empresarios y empleados en paro ante la hostilidad y la incertidumbre imperante; así como quienes perdieron la vida en manos de la negligencia y la improvisación.

Hay una plaza vacante y no sabemos si es por la presión de hacer lo ordenado aunque no sea correcto, por reproducir el discurso oficial aunque no sea cierto, o simplemente es un impulso de supervivencia ante las consecuencias judiciales venideras. Lo que más nos debe llamar la atención no es la ausencia del presidente del BCR, de un ministro o de cualquier otro funcionario. En el gobierno hay una vacante de ética, perdida ante el nepotismo y la corrupción; de transparencia ausente frente a la nula rendición de cuentas; de diálogo sustituido por la matonería y prepotencia; y de criterio técnico reemplazado por la propaganda mentirosa.

Esperemos que la adversidad venidera en los siguiente meses, e incluso años, sea el punto de inflexión que nos lleve a elegir y nombrar de forma más rigurosa a los funcionarios públicos de toda la jerarquía institucional. Debemos apostarle tanto a la promulgación de una Ley de la Función Pública que mejore la gestión gubernamental del talento, así como el cumplimiento de toda la legislación que permita que los perfiles más capaces puedan servir a la nación. Para ello urge desafiar nuestra cultura política, popularizar la importancia del criterio técnico y promover el arquetipo del profesional correcto como un perfil deseado en la administración pública.

Esa plaza que está vacante no la va a cubrir un caudillo, ni sus parientes, ni sus amigos tampoco su partido o el resto de partidos actuales. Nuestra responsabilidad como ciudadanos es tanto mantenernos informados y vigilantes como involucrarnos en los procesos institucionales que transformen la función pública y que permitan que el Estado cumpla su misión de mejorar la calidad de vida de todos los ciudadanos.

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