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Población inconforme con los partidos

Nuestro país está dividido en dos fuerzas que no han ofrecido respuestas convincentes a los problemas del país. Al respecto quisiera agregar que la polarización de la sociedad es el principal motivo por el que no se avanza en el deseo de la población por alcanzar un presente y futuro mejor para el país.

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Es claro que hay desconfianza entre unos y otros, y que ninguno quiere pagar el costo político del sacrificio que supone un acuerdo entre las partes. Piensan que si apoyan lo que propuso el otro, aunque sea para bien del país, servirá para oxigenarlo de cara a la próxima contienda electoral.

Un hecho reprochable ocurrió cuando la ONU designó un enviado especial para facilitar el diálogo entre las partes. La respuesta fue que al rendir su informe, el enviado especial tuvo la conclusión de que “no existen condiciones para un diálogo político en El Salvador”, a pesar de la necesidad de este. La conclusión del visitante fue como una estocada en el corazón de quienes anhelamos que se termine pronto esta pesadilla de la polarización, en la que a la gente le interesan más los problemas de otros países, que los nuestros, todo en busca de lograr adeptos a sus partidos políticos.

El Salvador es un país históricamente polarizado. Nos dividen religiones, equipos de fútbol. Intereses económicos, pandillas. Aunque la principal causa generadora de polarización social son los intereses políticos de dos grandes fuerzas políticas en contienda, que originan violencia, ingobernabilidad, intolerancia y que provoca una ruptura del equilibrio social.

La polarización es el resultado histórico de una sociedad corrupta, dividida y resquebrajada que no encuentra el camino para hallar consensos y diálogos, donde es más importante hacer prevalecer nuestras ideas contra las ideas de otros viviendo constantemente en una lucha ideológica, cada quien defiende su verdad, la diferencia está en respetarnos y no descalificarnos. Nadie tiene la verdad absoluta y nadie está por encima de la ley, quien quebranta la ley debe pagar por ello, sin importar el poder político o económico que ostente, venga de donde venga, izquierda o derecha, ricos o pobres, la corrupción es inaceptable.

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