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Poder ciudadano

Se trata de un importante contingente de ciudadanos/as harto de una clase política que les ha robado la esperanza.
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Actualmente se gesta en el mundo un poder emergente, facilitado por las nuevas tecnologías de la comunicación y el desarrollo de las redes sociales: el poder ciudadano.

En la medida que el sistema y el estamento político se aferra a lo viejo, al autoritarismo, a la corrupción, al clientelismo, al populismo, poco a poco la organización ciudadana los comienza a desafiar y rebalsar; con valores y principios, con ideas frescas, con hartazgo e indignación, con decencia, con esperanza. Ahí están para dar cuenta de ello los casos de las revueltas de la “Primavera Árabe” y el de las movilizaciones ciudadanas en Europa. Como diría Marx, el desarrollo de las fuerzas productivas, entre ellas la tecnología de la comunicación, viene presionando las viejas relaciones sociales y políticas, y por tanto las formas que tienen los grupos sociales de relacionarse con el Estado.

En El Salvador también asistimos a los primeros síntomas de ese poder ciudadano. Sus primeras y visibles expresiones se dieron en la coyuntura que generó el decreto 743, o en la elección de los magistrados a la Corte Suprema de Justicia. Todavía son los primeros pasos de un poder ciudadano en desarrollo, por el momento más cualitativo que cuantitativo; aunque su potencial puede llegar a abarcar un 30% o 40% del electorado. Un movimiento que por ahora no convoca a miles de gente en la calle, pero sí lo hace en el ciberespacio de la comunicación. Un movimiento ciudadano que no muestra el pasajero músculo de las marchas, pero cuyo impacto es más permanente y profundo en el sentir de la opinión pública.

Se trata de un importante contingente de ciudadanos/as harto de una clase política que les ha robado la esperanza. Hoy más frustrados que nunca, pues la alternancia no se transformó en alternativa, y las bacterias incubadas por la derecha en el poder desde hace muchos años infectaron en pocos años la izquierda del cambio. Siguen el clientelismo, los madrugones legislativos, la compra de diputados, el contubernio, la corrupción, los privilegios, la prepotencia, la intolerancia a la crítica, el acomodamiento de las leyes a la hechura del interés particular o partidario, el cinismo político hecho monumento, la falta de principios y de ética política, la apropiación del Estado para hacer fortuna o potenciar oscuros intereses, los ignorantes e iletrados vistiendo de legisladores, la alergia a la independencia de poderes, etcétera. De esto y otras cosas se va hastiando buena parte de la ciudadanía. Ello es precisamente lo que mantiene secuestrada la esperanza de los que quieren vivir en un país mejor y diferente.

¿Cómo podemos decirle ¡basta! a esta descompuesta clase política? ¿Qué podemos hacer? ¿Cómo devolver la esperanza a todos aquellos que hoy por hoy no la encuentran?

No me cabe duda de que nuestro país necesita conformar y desarrollar el poder ciudadano. No desde arriba, desde el clientelismo y desde las pasajeras esferas oficiales o gubernamentales, pues lo que cuelga de él cae y termina con él. Tampoco puede hacerse desde las entrañas de la misma clase e intereses políticos de siempre, pues estos suelen arroparse cosméticamente de movimientos ciudadanos de cara a establecer oscuras y efímeras alianzas electorales.

Se trata al contrario de crear un movimiento en aras de generar poder ciudadano, independiente de los partidos políticos. Un movimiento que reivindique principios y valores, nuevas formas de ejercer la política, que incida en la toma de decisiones políticas, que construya capacidad de negociación y de opinión pública. Un poder ciudadano.

No se trata de un movimiento de derecha, centro o izquierda, sino de un movimiento que pretende decencia frente a la indecencia, transparencia frente a la opacidad, honestidad frente a la corrupción, sabiduría frente a la ignorancia, democracia frente al autoritarismo, independencia frente a la dependencia institucional, y ante todo que trabaje por el bienestar de las mayorías.

En fin, se trata de una fuerza ciudadana que levante poder y esperanza. Hoy es buen momento de comenzar a edificarla.

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