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Polarización y lucha contra la corrupción

La polarización facilita restarle peso a la crítica y la denuncia ciudadana sana y bien intencionada.
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Polarización y lucha contra la corrupción

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En varios países latinoamericanos, y dentro de ellos El Salvador, existen altos niveles de corrupción. También hay avances en la lucha anticorrupción. En nuestro país, a pesar de las resistencias gubernamentales, existen avances. Esto, gracias a una combinación de tres factores: adecuado funcionamiento de ciertas instituciones (Sala Constitucional, Sección de Probidad de la CSJ, Instituto de Acceso a la Información), la creciente acción ciudadana, y el espacio que abren al tema ciertos medios de comunicación.

Para valorar si los avances serán más sustantivos, y enfrentarán el generalizado grado de impunidad que impera en el país, será importante conocer la actitud y acción que muestren la Fiscalía y otras instancias judiciales frente a connotados casos.

La esperanza o el beneficio de la duda que muchos han tenido o dado a la nueva Fiscalía estará a prueba en la medida que veamos su desempeño y resultados concretos frente a casos recientes y relevantes: el del exdirector del Seguro Social Leonel Flores; el del diputado Cardoza; los sospechosos y alegres pagos ocurridos con la represa El Chaparral; los negocios inmobiliarios del expresidente de la Asamblea Sigfrido Reyes; el uso dado a los 14 millones de los barriles del narcotráfico; las acusaciones de enriquecimiento ilícito en contra de los expresidentes Saca, Funes y exesposa; el alcance de las investigaciones y acusaciones en el caso de los autores, sobre todo intelectuales, del “Troll Center”, así como en el caso de la tregua con las pandillas; las investigaciones sobre “Chepe Diablo” y sus vinculaciones políticas y judiciales; las operaciones “offshore” de “Mecafé” y la “Michi” y la empresa SUBES; los aviones de Rais y las pesquisas sobre los rastros de droga encontrados en dos de ellos. También habrá que ver si la Fiscalía investiga con la misma tónica posibles casos connotados de corrupción ocurridos en los gobiernos de ARENA.

Como se comprenderá, la tarea que tiene enfrente la Fiscalía no será nada fácil. Tampoco lo es para aquellos que tratan de luchar contra la corrupción e impunidad en un país donde la polarización política se convierte en un gran obstáculo a la misma. En efecto, el tipo de polarización existente proporciona buenas excusas para ocultarla o defender al corrupto. De ahí el léxico preferido de algunos políticos ante hechos de corrupción: es una cortina de humo, es persecución política. Ahora se añade algo nuevo al léxico... es golpe de Estado.

Por otro lado, la polarización impermeabiliza a los militantes y simpatizantes frente a las denuncias de corrupción hacia los dirigentes de su propio partido. Ello se fertiliza con ciertos argumentos, como el afirmar que dicha denuncia es un simple ardid del adversario, o que investigar/aceptar un acto de corrupción es darle armas al partido contrario, o que con ello se le hace el juego al enemigo. Actualmente, desde el alto púlpito se sentencia que no se le debe hacer el juego a la derecha, como antes se decía que no se le debía hacer a la izquierda. En fin, la feligresía calla complaciente ante los pecados de sus inmaculados salvadores.

Finalmente, la polarización facilita restarle peso a la crítica y la denuncia ciudadana sana y bien intencionada. Basta que en estas coincida uno de los polos políticos confrontados para que disminuyan su impacto. Por ejemplo, actualmente, si una denuncia o propuesta anticorrupción emana del partido ARENA, y coincide con la denuncia o lucha ciudadana franca y desinteresada contra funcionarios del gobierno del FMLN, estas corren el riesgo de debilitarse.

Así, mientras ARENA no haga el mea culpa de sus pecados de corrupción del pasado, y el FMLN no haga el acto de contrición por sus pecados del presente, las denuncias y luchas ciudadanas independientes se tendrán que batir dentro de entornos políticos e ideológicos contaminados y adversos. Para avanzar más sustantivamente en la lucha contra la corrupción e impunidad, la oposición tiene que liberarse de sus demonios de antaño, y el oficialismo tiene que dejar de proteger a sus diablos y dejarlos donde deben estar, en el infierno.

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