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Políticos: Asuman hoy el reto histórico con valentía

Todavía recuerdo los años en los que lo invitaban a uno a contar la exitosa historia de la negociación y firma de la paz, de un proceso democrático ejemplar, de una posguerra con una reconstrucción muy exitosa que fue acompañada de una fuerte inversión privada y pública y cómo ambos elementos combinados produjeron un crecimiento promedio de 7 % del PIB entre los años 1992 a 1995. El Salvador era ejemplo con las reformas en educación que entre otras cosas llevaron a la creación de EDUCO; la creación del Fondo de Inversión Social (FIS) y luego la transformación al FISDL fueron un ejemplo en América Latina. Ya es muy lejano el recuerdo de cuando fuimos uno de los tres países que tenían una calificación de grado de inversión en América Latina –entre 1997 y 2009– como premio a las sanas políticas económicas, fiscales y financieras de El Salvador, a pesar del impacto que tuvieron los terremotos de 2001 y que obligaron a un endeudamiento para financiar la reconstrucción. La cual fue ejecutada de manera muy eficiente y para 2004 ya se había terminado todo el proceso, sin comprometer las finanzas públicas del país.
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Hoy en día lo invitan a uno a conversar sobre el impago del 7 de abril y cómo El Salvador pasó de ser el líder de Centroamérica, aun por arriba de Costa Rica y Panamá, a estar a la zaga de todos los países de la región, incluyendo a Honduras y Nicaragua. Somos el país con la peor calificación de riesgo, ahora solo comparable con Venezuela, Jamaica, Congo; somos el país con el menor crecimiento de la región y con la incapacidad más grande de bajarle a la polarización política y de lograr un nuevo conjunto de acuerdos políticos que permitan poner a El Salvador en un camino de recuperación y no con la perspectiva de que todavía puede ser peor.

Hay muchas personas de buena voluntad dentro de los organismos internacionales, de la comunidad de países cooperantes y amigos de El Salvador y salvadoreños que están haciendo un gran esfuerzo por evitar que El Salvador se siga deslizando hacia el abismo que llevará inevitablemente al sufrimiento (empobrecimiento) de millones de compatriotas y con ello se incentivará aún más la emigración de tantos hermanos salvadoreños.

Es el momento de parar esto. Es el momento que los políticos del FMLN, ARENA, GANA, PCN y PDC deben asumir su responsabilidad histórica de evitar la debacle del país haciendo lo que se requiere para aprobar una reforma de pensiones que beneficie a la ciudadanía y al gobierno; un acuerdo fiscal que reduzca los gastos del gobierno, incremente sus ingresos y le dé sostenibilidad a la deuda a largo plazo; un acuerdo que permita construir una visión de nación de largo plazo para que El Salvador supere sus grandes problemas de pobreza tanto a través de un mayor crecimiento económico, como de políticas sociales efectivas que mejoren la educación, la salud y la seguridad pública.

Estamos ante un punto de quiebre en nuestra historia en el que los políticos pueden escoger llevarnos por el despeñadero por el que nos llevan con un default en julio próximo y otros impagos en los que resta del año, o pueden escoger parar la caída y definir una nueva ruta que nos lleve a salir del hoyo y que comencemos a transitar por el camino del desarrollo. Tenemos un mes para tomar las decisiones correctas, porque como decía Carmiña Moreno, representante del BID en El Salvador, el domingo recién pasado en LA PRENSA GRÁFICA, otro impago sería difícil de superar.

Nosotros no somos Venezuela, ni nos queremos parecer a ellos, pero la calificación de riesgo que tenemos hoy en día dice que somos más parecidos a ellos que al resto de nuestros vecinos centroamericanos. Venezuela tuvo una caída anual de su producto interno bruto en 2016, según cifras del Fondo Monetario Internacional, de -8 %, un déficit fiscal de -24.5 % del PIB y una inflación de 720 %. Nosotros cerramos 2016 con un crecimiento del 2.3 %, un déficit fiscal de -3.8 % del PIB y una inflación de 1 %. Por lo tanto, en números no somos iguales que Venezuela, pero en calificación sí lo somos porque El Salvador sí ha caído en impago y Venezuela todavía aunque sigue honrando sus deudas tiene altas probabilidades de caer en impago. La pregunta fundamental es: ¿Queremos seguir el camino de Venezuela o queremos enderezar nuestro país?

Señores diputados y dirigentes políticos, hoy es el momento de hacer lo correcto por El Salvador. Hoy hay que ponerse de acuerdo y votar por las reformas que nuestro país requiere en materia de pensiones y de un acuerdo fiscal. Hoy es el momento de anteponer el interés de El Salvador a los intereses partidarios y personales, porque recuerden que mañana, en las elecciones de marzo de 2018 y marzo de 2019, los premiaremos por su valentía o les cobraremos su cobardía. ¡Que el Salvador del Mundo los ilumine en este momento crucial de nuestra nación!
 

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