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Políticos, ciudadanos y líderes sociales transparentes

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Kalena de Velado / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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¿Cómo se lleva a cabo con transparencia e innovación el proceso de toma de decisión colegiada para asegurar el mejor desempeño en una organización?

El profesor Miguel Angel Ariño, anterior director del Departamento de Análisis de Decisiones del IESE (Universidad de Navarra), señala, a grandes rasgos, que "una decisión hay que evaluarla bajo tres dimensiones: la primera, ¿consigo o no el objetivo que pretendo? Segunda, ¿qué les pasa a las personas a las que les afecta esta decisión que voy a tomar? Y, por último, ¿qué consecuencias tiene en mí esta decisión tomada? En concreto, ¿me hago mejor o peor persona? ¿Me hago injusto porque estoy cometiendo una injusticia? ¿Me hago más o menos confiable?"

Entre las habilidades y actitudes que el profesor Ariño señala para optimizar el proceso de toma de decisiones están:

Ser responsables. Buscar la verdad o esencia de las cosas asegura la responsabilidad al tomar las decisiones. Cuando se actúa en contra de la verdad, las consecuencias pueden ser desastrosas. Si se tiene la suerte de que estas desastrosas consecuencias se producen inmediatamente, uno lo tiene fácil. Se rectifica y se aprende.

Saber conversar. "Hay personas que, cuando hablan, hacen afirmaciones con gran rotundidad... Las personas inteligentes saben que pueden estar equivocadas y cuando dicen algo están abiertas a rectificar o cambiar de opinión cuando aparecen nuevos datos o se les muestra un punto de vista que no habían considerado".

Evitar la confusión entre gustos y obligaciones. A la hora de liderar, "no se pueden mezclar las preferencias personales con las exigencias del cargo que se ocupa. Donde no hay distinción, hay confusión… Cuando las preferencias personales interfieren en el gobierno de las instituciones y se confunde lo que se debe con lo que me gusta, hay problemas".

Quien te enfada te controla. Suelen ser dos las razones por las que a veces nos enfadamos: o bien porque hemos hecho algo mal o bien porque alguien nos ha ofendido. En el primero de los casos no sirve de nada enfadarnos con nosotros mismos, no soluciona nada. Lo que tenemos que hacer es corregir, aprender e intentar no volver a meter la pata en el mismo asunto. Tampoco sirve de nada enfadarse si es que alguien nos ha ofendido o se ha comportado mal con nosotros. ¿Para qué? Si nos pide perdón, perdonarle, y si no, tener en cuenta que el problema no lo tenemos nosotros, sino la persona que nos ha ofendido. Tenemos que ser dueños de nuestra vida y de nuestro carácter. Nuestro buen humor no puede depender de actitudes de terceros.

Toma de decisiones y aprendizaje. Los líderes tienen la capacidad de pensar y razonar, pero al ejecutar una decisión pueden cometer errores; por eso tienen que razonar y calibrar sus posibilidades de éxito para llevarla a cabo. Si efectivamente no está funcionando o hay alguna variable a la que no habíamos prestado atención, se rectifica. Si se fracasa, siempre se aprende.

Dejar salvar cara. Cuando un grupo dentro de una organización tiene la ventaja del poder que da los votos para tener mayoría en las decisiones, "debe tener unos asuntos (pocos) que debe defender a capa y espada y utilizar para ello la mayoría que posee. Pero estos asuntos deben ser solo los que considera críticos de sus principios o del programa de gobierno. Para el resto de las cosas, la mayoría, debe atender a las opiniones del resto de los partidos, hacer concesiones, dejarles respirar. Ceder".

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  • Kalena de Velado

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