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Pongámonos de acuerdo

¿Será que al menos una minoría calificada sí tiene una concepción precisa del porvenir? ¿O será que a un buen porcentaje de la población no le importa el bienestar de sus próximos? Y es que la poca educación de muchos, intereses particulares de unos y actitudes perversas de otros, inquietan e inducen a dudar de la perspectiva de un mañana.
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El país está afrontando una crisis que la denominan estructural o integral. Quizá la nominación se ha vuelto intrascendente, pero la anomalía país es evidente y la inestabilidad se percibe. Si algo ya reconocieron los que tienen posibilidad de incidir es que la crisis de liquidez del gobierno hay que darle tratamiento intensivo. Ese fenómeno es lo más apremiante y paliativos despolitizados existen. El gobierno tiene que hacer todos los esfuerzos por minimizar el gasto y maximizar el ingreso, márgenes en ambos sentidos son obvios. El Fondo Monetario explora un arreglo y es inminente que tendremos que hacerlo, como requisito para acudir a otras fuentes de crédito internacional y un significativo ajuste pareciera eminente.

El país afronta problemas trascendentales que se han venido acumulando por décadas. Ya no son atribuibles al pasado reciente, tampoco a entidades y gobiernos en forma aislada. Malas políticas gubernamentales y nula visión de quienes con capacidad de incidencia, por su poder político y económico, no hicieron el deber en el momento preciso, han agravado los problemas socioculturales del país.

La problemática del país es compleja. Los orígenes y la cultura ancestral explican parte de los síntomas y el padecimiento. No somos responsables de nuestro origen, tampoco de los defectos heredados por los colonizadores, pero sí de nuestra recuperación y nuestro destino. La conquista fue el génesis. Los años vividos y las experiencias acumularon conocimiento que fueron transferidos a las siguientes generaciones. Esos se han constituido con el transcurrir del tiempo: en fortalezas, debilidades, escasos factores productivos, incipiente tecnología, emigración de jóvenes, erróneas políticas gubernamentales de todos los gobiernos anteriores en los últimos dos siglos, sin excepción. Su aceptación y procesamiento es responsabilidad del que hereda y ese legado hay que digerirlo eficazmente.

Hay que aceptar el presente sin lamentarse del pasado. A nivel técnico hay claridad de las medidas. Pero los tomadores de decisiones son los gobernantes, la oposición y los representantes fidedignos del capital. Son los que están obligados a reinventar este país a partir de hoy, propiciando un acuerdo nacional, un ajuste fiscal sustancial y un arreglo con el FMI, sin pensar en el voto y el costo político. Lo que permitiría de una vez por todas, con responsabilidad ciudadana, sentar las bases para un crecimiento sostenido. El tratamiento que conlleva un arreglo con este organismo será doloroso pero idóneo para una enfermedad grave y avanzada, que no se le quiso dar tratamiento oportuno.

La defensa de intereses privados, partidarios y en todo caso egoístas, ya no debiese obstaculizar la eterna búsqueda del bienestar generalizado y de una mejor calidad de vida de la mayoría. Resulta ser un atentado contra la humanidad, a semejanza de un terrorismo disfrazado, el anteponer intereses privados a los colectivos en un país pobre, con alta densidad poblacional, desigual distribución del ingreso y poca capacidad de crecimiento. Urge un acuerdo social y político, como mecanismo de supervivencia, paz, esperanza y renacimiento. Los organismos internacionales, los que laboran y tributan a cabalidad y la juventud consciente y todavía radicada en el país así lo exigen. “Si así lo hicieres que La Patria os premie, caso contrario que os lo demande”.

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  • inestabilidad
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