Poniendo las cartas sobre la mesa

Este ensayo es una reflexión ciudadana sobre el rumbo que lleva el país. ¿Cómo vivirán los salvadoreños en 2040?
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Esta pregunta es poco frecuente debido a que (1) la mayoría de la población vive con un horizonte de 24 horas (coyol quebrado, coyol comido), (2) los gobernantes se limitan a administrar crisis (apagando incendios) y (3) miles de compatriotas están pensando en emigrar (tienen listas las maletas en la puerta de su casa). Estos tres comportamientos conducen a formular la siguiente hipótesis: la mayoría de connacionales está tomando decisiones individuales y pensando en el bienestar familiar, no hay una visión de país que motive y guíe a los salvadoreños.

En este contexto, hay dos puntos contrapuestos que llaman la atención: (i) la pasividad o indiferencia de numerosos gobernados respecto a las decisiones de sus gobernantes y (ii) la suspicacia de un alto porcentaje de salvadoreños de dejar su futuro en manos de cúpulas partidarias. Estas dos actitudes colectivas son lógicas en una sociedad que ha sufrido varias dictaduras militares y una guerra civil. En otras palabras, la sabiduría popular es superior de lo que se imaginan propios y extraños.

Por otra parte y sorprendentemente, la emigración y violencia delincuencial se han convertido en “aliados casuales” del gobierno. ¿Por qué? (1) Debido a que el carácter masivo de la emigración contribuye a que la presión social sea mínima. (2) Debido a que la inseguridad hace que la población tenga miedo y prefiera callar su inconformidad y malestar hacia los gobernantes.

Estas actitudes colectivas confirman que el pueblo salvadoreño es inteligente y consciente de que el poder político (Estado) difícilmente le solucionará sus problemas cotidianos. Lo problemático del asunto es que los conciudadanos han probado todo tipo de gobiernos y la cosa sigue igual. Consiguientemente, el paradigma de innumerables salvadoreños es que cada quien se ocupe de su propio destino. ¡Sálvese quien pueda!

En un contexto marcado por el individualismo y la polarización ideológica, la acción gubernamental se limita a administrar crisis y conservar el statu quo. Por el contrario, un pensamiento estratégico y un liderazgo democrático activarían la participación ciudadana y empoderarían a la sociedad para que tuviera un peso equivalente al del poder político (Estado) y del poder económico (mercado). Esa no es la vía habilitada. El camino abierto es el reparto partidario del aparato estatal y la consolidación del centralismo.

Lo anteriormente expuesto –sumado al temor en que viven los salvadoreños– provoca que la brecha entre gobernados y gobernantes siga aumentando. No hay diálogo ni una propuesta de cohesión social. Esta situación crea desconfianza y escepticismo en miles de padres de familia acerca del futuro del país y prefieren brindarles a sus hijos la oportunidad de emigrar. Es decir, incontables compatriotas (fuga de cerebros) están abandonando su terruño. Por ello, urge fortalecer el sentido de pertenencia y ampliar las oportunidades educativas y laborales de los jóvenes.

Conclusión: los gobernantes están administrando crisis. De continuar con ese enfoque, el Estado carecerá de la energía requerida para romper el círculo antidemocrático que amenaza a El Salvador (corrupción, impunidad, criminalidad y desigualdad). La decisión inteligente es identificar las causas determinantes de la violencia delincuencial, aplicar un tratamiento efectivo y decirle la verdad a la ciudadanía.

Tags:

  • rumbo
  • crisis
  • emigracion
  • inseguridad

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