Populismo o estrategia

Presidente Censura CeroAntes de iniciar, me gustaría aclarar que la presente columna de opinión no tiene por objetivo abrir la puerta al debate sobre el rol de las religiones en la política salvadoreña. Más bien, busca reforzar la idea de la importancia del laicismo en nuestras instituciones públicas.
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Guillermo Portillo, candidato a diputado por el partido ARENA, ha insistido en la importancia de la lectura obligatoria de la biblia en centros escolares públicos. Dicha propuesta puede ser analizada desde dos enfoques complementarios. Primero, como una estrategia electoral y segundo, como una medida populista de corto alcance. Ambas, de muy mal gusto y poco realistas ante la situación que vive nuestro país.

En un país pequeño, conservador y muy religioso, proponer la lectura obligatoria de la biblia en centros escolares públicos es una estrategia electoral muy bien diseñada para aglutinar votos. Sin embargo, llevar a cabo dicha propuesta es políticamente antidemocrático, socialmente excluyente y por si fuera poco, es violar el espíritu de la constitución de El Salvador.

Ahora bien, si partimos de la premisa de que Guillermo Portillo es un candidato que cree en los valores republicanos y libertades individuales, su propuesta de política pública es solo una estrategia que busca abrirle un escaño dentro de la Asamblea Legislativa. Guillermo Portillo es consciente de que su propuesta no solo es imposible de ejecutar, sino que también está mintiendo a los ciudadanos salvadoreños que creen y confían en él para estas próximas elecciones de marzo. De hecho, al estar consciente de esta situación, Guillermo (o su equipo de campaña) ha construido una estrategia electoral basada en los fanatismos religiosos muy bien diseñada que no aporta nada a nuestro sistema educativo.

Por lo contrario, si el candidato a diputado Guillermo Portillo realmente cree en el valor de su propuesta, lo único que nos demuestra es la forma correcta de hacer populismo electoral; propuestas que no abonan al debate político serio y que manipulan los sentimientos de las personas. La lectura obligatoria de la biblia no es algo novedoso en nuestro país, pero resulta sorprendente que dicha propuesta proceda de una persona joven, sobre todo cuando se ha discutido mucho sobre la importancia del relevo generacional y aún más importante, crear un pensamiento divergente y tolerante hacia los demás.

Así como los discursos de odio generan cohesión social en nuestro país, las propuestas político-religiosas ganan votos. El pensamiento grupal resultante de esta cohesión social puede llegar a ser peligroso ya que este hace que evaluemos de forma irracional para mantener el consenso. ‘Si todos pensamos igual, puede ser que nadie esté pensando’.

La pena de muerte, la biblia como herramienta educativa, $1,500 a personas retornadas de Estados Unidos, entre otras propuestas, solo demuestran lo bajo que es nuestro sistema político y lo poco comprometidos que estamos en buscar soluciones para todos. Elevar la discusión social y política es responsabilidad de todos y como ciudadanos tenemos la obligación de denunciar propuestas electorales irresponsables y poco realistas. Construir también lleva consigo un proceso de reflexión y autocrítica. Si no logramos brindar soluciones eficaces contra la violencia y falta de educación en El Salvador, en lugar de avanzar solo estaremos retrocediendo aún más.

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