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Populismo puro y ministro en apuros

Se dice coloquialmente que el ministro de Hacienda es el menos apreciado de los que conforman el gabinete de cualquier gobierno.
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Y no es para menos. A él le corresponde la no grata tarea de “bolsear” a los contribuyentes, para obtener los recursos que demanda la administración pública. Lo que no se reconoce, por lo menos en nuestro caso, es que en la práctica este funcionario no tiene virtualmente ningún control sobre el destino que le da al producto de los impuestos.

Es más, en gobiernos de corte socialista/populista como el actual, tarda más el responsable de la recaudación tributaria en captar esos recursos, que el tiempo que consume asignarlos o comprometerlos. Esto lo hemos podido constatar durante la anterior y la actual administración. Se sabe que el licenciado Cáceres ha tratado de abogar por la austeridad, pero la voracidad del gobierno lo ha llevado al extremo de proponer tributos con visos de inconstitucionalidad.

La tarea del responsable de proveer de recursos al Estado se torna más ingrata, cuando se constata que parte de ellos va a parar a los bolsillos de unos pocos, haciendo prácticamente de la hacienda pública un botín, como lo atestiguan los supuestos casos de enriquecimiento ilícito, aunque para muchos las cifras que se han hecho públicas son nimiedades. Pero igualmente resulta inaceptable la ostentosidad de que hacen gala ciertas entidades o el despilfarro descarado de otras, en borracheras y comilonas al estilo cosaco y romano, prácticas que se vuelven odiosas, cuando se echa una mirada a esos cuadros de pobreza en que viven miles y miles de nuestros hermanos. En gran parte por la cascada de nuevos impuestos que ha caído sobre las espaldas de los contribuyentes en los últimos tiempos, ha resultado insuficiente para cubrir la brecha entre la oferta y la demanda de bienes y servicios mientras la deuda gubernamental, agravada por las pensiones, ya supera los estándares que podrían garantizar la sostenibilidad fiscal.

En este marco, el ministro sigue ingeniándoselas mediante el proyecto: “Ley de Cobro de Deudas Tributarias y Multas a favor del Estado” que, según entiendo, ya está en poder de la AL. En lo fundamental, esta iniciativa pretende dotar a la administración tributaria de los instrumentos legales necesarios para lograr una mayor eficiencia y oportunidad en la recaudación. Pienso que esto puede cerrar portillos para evitar la discrecionalidad de otras instancias oficiales que mantienen engavetados por años expedientes bajo la presión de los deudores.

Pero hay quienes opinan que la aplicación de la ley puede dar lugar a eventuales demandas de inconstitucionalidad. Sin embargo, personalmente pienso que el referido proyecto es pertinente justamente por los elementos coercitivos que conlleva, como es cobro ejecutivo. Sí me parece inapropiado apelar al contenido del artículo 1 Cn. en procura del equilibrio presupuestario, aspecto que considero desalineado del espíritu de la legislación propuesta. Ese objetivo se logra mejor con una férrea disciplina fiscal, la cual debería ser elevada a la categoría de política de Estado.

Dicho lo anterior, hay que enfatizar en que el desequilibrio estructural que muestran las finanzas públicas se debe principalmente al gasto dispendioso e ineficaz y, por supuesto, a la corrupción. Pero el gobierno en vez de disciplinarse cada vez más da muestras de lo contrario. Esto, a pesar de las dificultades para pagar las pensiones y en circunstancias en que se hace más difícil y oneroso el acceso al crédito público, aumenta peligrosamente la deuda, y se mantienen beneficios como al transporte convencional, supuestamente para aminorar las quejas contra los privilegios asociados con él (SITRAMSS). Mientras tanto, a la autónoma más importante del país se le detiene el último tramo de un crédito internacional, precisamente por los excesos cometidos en la concesión de subsidios. Con la iniciativa de favorecer a los llamados ninis, aunque loable, se comprometerá más la sanidad fiscal, sin olvidar el manejo irregular del programa PATI. Dudo que el ministro de Hacienda sea el responsable de todo esto y más bien medio mundo lo atribuye a un populismo exacerbado por la ideología.

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