Por el sendero de la rectificación y el compromiso

Quienes hemos creído siempre en el destino común de los países centroamericanos y crecimos profesionalmente trabajando en organismos de la integración no podemos menos que sentirnos complacidos por los acercamientos de nuestro gobierno con los de Guatemala y Honduras.
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Ciertamente, después de más de medio siglo del Tratado General que le dio vida al programa, las circunstancias que impulsan el accionar de los cinco países, individual y colectivamente, son totalmente diferentes a las que moldearon el proceso a finales de 1960. Sobre lo que no hay duda es el grado de interdependencia que hoy existe entre ellos, no importa las dificultades y obstáculos encontrados en este ya largo trajinar.

Por ello, hay que reconocerle al profesor Sánchez Cerén la actitud pro integración que ha venido mostrando. Al actuar como anfitrión de sus homólogos de dichos países, ha empezado a borrar aquella huella de distanciamiento que marcó la administración anterior, a despecho de la gran importancia que le confirió a la integración regional en su plan de desarrollo, que se quedó solo el papel. Hoy en día, hay razones de mucho peso para que ese acercamiento continúe.

En el caso del Triángulo del Norte, es obvia la necesidad de actuar de consuno para hacer frente a problemas comunes, donde las diferencias son solo de grado. La emigración ilegal, la inseguridad ciudadana y el crimen organizado en sus diferentes manifestaciones –este último con implicaciones claras en el funcionamiento institucional y consiguientemente en el desarrollo democrático de los países– no pueden ser abordados aisladamente. El efecto contagioso de esos problemas es igualmente evidente.

Es en este punto donde cobra mayor relevancia la ayuda ofrecida por la administración del presidente Obama con la iniciativa “Alianza para la Prosperidad”, que supone una cooperación no reembolsable de $1,000 millones. Es cierto que esta iniciativa ha jugado un papel invaluable para ese acercamiento, como cierto es también que detrás de esta cooperación está el interés de Estados Unidos de garantizar, a través del apoyo de económico, técnico y logístico a estos países, su propia seguridad.

Como lo decíamos en este mismo espacio hace dos semanas, es probable que en las reuniones que en menos de una semana tuvo el profesor Sánchez Cerén con los presidentes Otto Pérez Molina y Juan Carlos Hernández se haya empezado a hablar del alto grado de coordinación que entre los tres países demanda la concreción exitosa de la “Alianza”. Tampoco sería descabellado pensar que hayan conversado sobre el escenario que se abre con el acercamiento entre EUA y Cuba. ¿Y por qué no decirlo, sobre el futuro venezolano?

En mi concepto, más allá de lo que salió a luz pública como producto de esos encuentros, temas como los señalados no podían pasar desapercibidos en eventos que ya echábamos de menos, independientemente de que en esta ocasión, acaso por estrategia, hayan sido de carácter bilateral, y de que los gobernantes hayan conversado en privado durante sus visitas a Washington y en el reciente cónclave en Costa Rica. Todo ello es importante, pero igualmente los temas abordados bilateralmente, como el de la Unión Aduanera y el de la explotación conjunta, con el concurso de Nicaragua, de la riqueza del golfo de Fonseca.

Naturalmente, todas estas cuestiones, por su propio peso, se concentran en el Triángulo del Norte. El quid está en cómo la focalización de esfuerzos en la subregión se inscriben en el proyecto más amplio de la integración regional, tomando muy en cuenta las diferencias omnipresentes entre Costa Rica y Nicaragua por cuestiones territoriales, y las discrepancias existentes en las formas de gobierno. Aunque en este último caso, no es remoto que los fundamentalismos empiecen, al menos, a moderarse.

Y si estos supuestos comienzan a materializarse a través del diálogo constructivo como el que han iniciado los gobiernos de El Salvador, Honduras y Guatemala, el futuro para toda la región podría ser más promisorio. Esto, siempre y cuando la geopolítica no interrumpa el sueño morazánico y trabajemos juntos sobre lo ya construido.

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