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“Por eso estamos como estamos”

Siempre creí que esta frase era original de Mafalda, personaje creado por el argentino Joaquín Salvador Lavado (“Quino”) que defiende la niñez y la educación, que cuestiona el manejo político del mundo y pregona por una mejor humanidad.
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La imaginaria niña defiende la mesura, no comprende los avances y retos que plantean las nuevas generaciones y tampoco los males del mundo. Me identifico mucho con personajes ficticios, por su forma de percibir el mundo. “Quino” utilizando a su personaje muestra lecciones de humildad y describe en un humorismo agradable cómo se manifiesta la ciega justicia.

“Por eso estamos como estamos”. Santiago Rivas, Nicolás Samper y Federico Arango. Un libro nacido de la ociosidad y de observaciones de defectos como el arribismo, la desigualdad, el sexismo, el racismo, la corrupción o la polarización de los colombianos. Que al hojearlo me pareció que podían ser los salvadoreños. Gocé mucho una parte donde describe a un grupo de parlamentarios debatiendo durante horas para conseguir que paguen impuestos los ricos, pero primero debe pedirles permiso a los ricos.

Definitivamente la inexistencia de la paz, aunque se celebren aniversarios al respecto, el debate sin resultados, la inexplicable falta de un acuerdo nacional que tanto se requiere para iniciar definitivamente el escape del subdesarrollo, la falta de ética en el actuar de los que toman las decisiones por millones, y en general la carencia de principios sobre los que debería funcionar cualquier nación, explican lo mal que estamos

Por la ausencia manifiesta de todo lo mencionado es que llegué a pensar que la expresión “por eso estamos como estamos” era de la caricatura vista con frecuencia en mi juventud y de otras expresiones que sí fueron de esa tira cómica como “paren el mundo que me quiero bajar”, “ya que amaos los unos a los otros, no resulta, ¿por qué no probamos amaos los otros a los unos?”, “tenemos hombres de principios, lástima que nunca los dejen pasar del principio”.

Esas y otras expresiones de “Quino”, y de los tres autores citados, así como las de Eduardo Galeano que tanto he citado en este espacio, principalmente “Patas arriba, la escuela del mundo al revés” quien asevera entre expresiones alusivas de lo mal que la humanidad se desenvuelve “al fin del milenio, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza a los pies”.

Si Galeano y los otros autores citados se hubiesen referido a años recientes y específicamente a El Salvador hubiesen asegurado que este país no es la excepción, es más, está más al revés que muchos países. La derecha no hizo su deber y la izquierda “sin querer queriendo” sigue los patrones de la derecha.

Culturalmente atrofiados, con una actitud de avestruz, carencia de un plan de educación, precarias finanzas públicas, inseguridad ciudadana, un periodo prolongado de lento crecimiento económico, laxa inversión doméstica, una desigual distribución del ingreso, índices elevados de evasión y elusión fiscal, poca atracción para la inversión externa, exacerbación de la corrupción; me basta, hubiese dicho “Quino”, Galeano, Santiago Rivas y los demás para expresar por eso están como están: completamente al revés, con el agravante de que menos del 1 % de la población niega sistemáticamente concretar un acuerdo nacional y por ello condenados a mantener una nota baja en las calificadoras internacionales de riesgo.

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