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¡Por evolución o imitación es posible!

El pueblo salvadoreño ha mostrado a través de su evolución e historia ser un pueblo con actitud conformista, apático, distraído y en definitiva pareciera que les tiene sin cuidado lo que acontece a su alrededor: “les vale”. La vida pasa, el no pasa, o prefiere pensar que desde que nació ya tiene la punta de un pie en la tumba. Muchos se vuelven pesimistas a perpetuidad. Pasan decretos, leyes y otro tipo de dictámenes que les afecta sus intereses directamente, optan por hacerse los desentendidos y como lo expresé recientemente, muchos se asemejan a esos machos que les ponen carga y más carga, pujan, les sale un ventoso y continúan su marcha “adonde sea que los lleven”

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Contrario es el proceder en otros países como el caso de Guatemala. Según reportajes de LPG, en el vecino país muchos ciudadanos rechazaron las reformas realizadas por el Congreso por mayoría de diputados, con las cuales pretendían aprobar reformas al Código Penal quitando responsabilidad a políticos que cometieran financiamiento electoral ilícito y también libraban de prisión a quienes incurrían en muchos delitos tipificados en ley. Se despertó la ira de miles de guatemaltecos exigiendo que renunciaran los diputados y no les permitían que salieran del Congreso.

“Un grupo de 200 antimotines a la medianoche del viernes 15 de septiembre recién pasado evacuó a los diputados. La Procuraduría de los Derechos Humanos concluyó que hubo exceso de fuerza y la Corte de lo Constitucional ordenó garantizar el derecho de los guatemaltecos a manifestarse libremente”. “Esta semana también se conoció que el primer mandatario recibió del ejército un sobresueldo durante nueve meses, el cual fue obligado a devolverlo”.

Yo fui testigo hace muchos años en la sexta avenida de Guatemala, de varios centenares de estudiantes universitarios acostados en el asfalto de la sexta avenida, distanciados, uno de otro, por más o menos un metro, hasta que las autoridades de transporte público desistieron de aumentarle al pasaje.

Yo presencié en Costa Rica, hace también muchos años, desde el balcón de un quinto piso de un hotel ubicado en la Avenida Central algo inusitado y hasta cierto punto divertido. Muchos policías persiguiendo a un puñado de estudiantes. Impresionado permanecí en el balcón por una media hora más o menos y para mi sorpresa pude apreciar una multitud de estudiantes en sentido contrario, tratando de alcanzar a los mismos policías, que en esta segunda ocasión resultaban relativamente menores que los estudiantes. Los policías portaban bastones y no armas, valga la aclaración.

Estas son actitudes espontáneas de países que aspiran firmemente a una democracia en el futuro cercano y que al menos en el presente se manifiestan y se rebelan contra lo que consideran procederes antidemocráticos que atentan contra las libertades naturales o genuinas de un ciudadano.

Ejemplos hay miles en el mundo. Pero por espacio solo se citan casos aislados y de países vecinos cuyos ciudadanos se pronuncian en masa contra las autoridades, cuando sus derechos y libertades han sido pisoteados. Trascienden por mucho a los salvadoreños que con habladurías consigo mismo o en tertulias de fin de semana se quejan de lo mismo que el viernes o sábado anterior. En gran parte de allí viene el sobrenombre de guanacos que según el Diccionario Manual e Ilustrado de la Lengua Española entre otras cosas en América Central y meridional significa tonto, simple; Guat. Voz despectiva con la cual se designa al nacido en América Central fuera de Guatemala. Desde hace mucho tiempo en ese vecino país algunos todavía agregan la expresión “al robo le dicen cachería”.

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