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Por los senderos del cambio

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Juan Héctor Vidal / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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No se necesita ser arenero –y yo, lo digo sin ambages, no lo soy– para sentirse un poco más confortable, políticamente hablando, con los resultados de los comicios del domingo antepasado. Es más, había expresado serias reservas sobre la capacidad del TSE de administrar unas elecciones, cuyo desenlace final estuvo precedido de serios cuestionamientos sobre un proceso aparentemente viciado, con errores logísticos, tecnológicos y administrativos, que recordaban el desastre de 2015.

Por supuesto que en estas materias, nunca va a lograr el grado de excelsitud que muchos quisiéramos; pero esto, hay que decirlo, es solo un ideal. Ninguna faena humana puede llegar a esas alturas. Sin embargo, tenemos que reconocer, que a pesar del abstencionismo y la anulación de votos, el evento como tal se desarrolló sin mayores inconvenientes. Otra cosa distinta son los desarrollos posteriores que nuevamente dejan al ente colegiado en la picota, para no hablar del comportamiento de algunos líderes del partido en el poder donde las malacrianzas y las engañifas sobre las causas de su derrota los desnudaron una vez más.

Como se anticipaba, la oposición más visible se convirtió en la triunfadora neta, pero lo importante es que con su arrolladora victoria, cambia totalmente la correlación de fuerzas en la nueva legislatura. Territorialmente también ha ganado importantes y mayores espacios, lo cual puede convertirse en un factor determinante de cara a la próxima elección presidencial. Pero tampoco es un asunto trivial, el que el caudal de votos a su favor haya sido menor que en la elección de 2015 aunque comparados con los que perdió el FMLN aquello parece un mal menor. Decimos “parece”, porque ambos casos serían el reflejo de un descontento de un segmento importante de la población, frente al comportamiento de la clase política en general.

Pero por otra parte –y esto es lo verdaderamente importante en el corto plazo– el número de diputados que obtuvo la oposición permite lograr fácilmente la mayoría simple para la aprobación de leyes e, incluso, alcanzar la mayoría calificada, que es la que decide sobre la deuda pública y las elecciones indirectas. Ojalá la derecha sepa administrar este favor que le ha otorgado la población, en beneficio de los más altos intereses del país, y no para repetir los abusos que cometió cuando virtualmente controlaba todo el aparato estatal.

Quienes no tenemos ninguna militancia partidaria, pero que siempre pensamos en función de los más altos intereses del país y en beneficio de los menos afortunados, debemos sentirnos gratificados de manera inmediata. Nos quita un gran peso pensar que con la nueva correlación de fuerzas en la Asamblea Legislativa, habrá mayores espacios para potenciar la gobernabilidad y la institucionalidad democrática. Siempre será un desafío seleccionar a aquellos funcionarios que tendrán bajo su responsabilidad integrar la SC, el ministerio público y la Corte de Cuentas, pero tenemos la certeza que, el sistema como un todo, tiene ahora más fuerza para seguir consolidándose.

Dicho sea de paso –pero reiterando lo que hemos señalado en otras oportunidades– es necesaria una reforma constitucional para que los funcionarios de esta última entidad sean elegidos por mayoría calificada, tarea que idealmente debería cumplir la presente legislatura, para que sea la que fungirá a partir del primero de mayo la que la ratifique. Esto es esencial para contribuir a terminar con la peste de la corrupción. Esto solo es una de las responsabilidades mayores que, como consecuencia de su triunfo, recaen sobre ARENA.

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