Por nuestra alianza con Colombia

Después de medio siglo de guerra, con la paz Colombia tendrá aún más esperanza y futuro.
Enlace copiado
Por nuestra alianza con Colombia

Por nuestra alianza con Colombia

Por nuestra alianza con Colombia

Por nuestra alianza con Colombia

Enlace copiado
Mucho interés y “buenas vibras” sentí en el Foro Empresarial El Salvador-Colombia para recibir y oír al presidente Juan Manuel Santos, de Colombia, que compartió su visión y estrategia para el desarrollo de su país y ofreció todo su apoyo para el desarrollo del nuestro. Los países necesitan socios estratégicos para desarrollarse, aún más si son tan pequeños territorialmente y no disponen de más recursos que su gente y su posición geográfica. Colombia es para El Salvador uno de los países más importantes en Latinoamérica y en el mundo, y con la paz lo será aún más. Por eso y más le apostamos a nuestra alianza con Colombia.

Muy probablemente el presidente Santos no nos hubiera visitado, y de haberlo hecho las “vibras” no hubieran sido igual, si El Salvador hubiera cometido el error de alinearse a Venezuela en la sesión extraordinaria del Consejo Permanente de la OEA el 31 de agosto pasado, atendiendo la solicitud de Colombia de convocar a una reunión de cancilleres ante lo que consideró una “grave crisis humanitaria” con “deportaciones arbitrarias y maltratos” por el gobierno de Venezuela. A Colombia le faltó un voto para lograr la mayoría que necesitaba la aprobación de la convocatoria, integrando El Salvador este bloque de 17 países y sorprendiendo a quienes nos identificaban alineado al bloque venezolano que con 6 votos en contra y 11 abstenciones logró, apenas, evitar la convocatoria. En esa ocasión expresé: “Tanto desde la perspectiva de nuestros principios como de nuestro interés nacional, el voto de El Salvador fue acertado” (Alberto Arene, “El acertado voto de El Salvador en la OEA”, LPG. 10.9.2015).

Con el fortalecimiento de su democracia e institucionalidad, con la diversificación de su economía, con su apuesta a la educación, con su estrategia de competitividad, Colombia es ya una de las economías de mayor crecimiento sostenido en Latinoamérica, liderándola con 4.5 % de promedio entre 2011 y 2015, superando a México (2.8 %), Argentina (2.6 %) y Brasil (1.1 %). Y con 3.5 % de crecimiento promedio en las proyecciones entre 2016 y 2020, que no incorpora aún los efectos de la paz, Colombia también lidera los escenarios de la prosperidad futura. Con sus masivas inversiones en infraestructura, construcción y vivienda, y su inminente acuerdo de paz, Colombia consolidará su liderazgo en la inversión y el crecimiento sostenido en Latinoamérica en el próximo cuarto de siglo, disputándole pronto el tercer lugar a Argentina, después de Brasil y México. No obstante, Argentina lidera el índice de desarrollo humano, quedando Colombia rezagada en la posición 12.

Las inversiones colombianas acumuladas en El Salvador superan ya los mil millones de dólares, realizadas por “la crema y nata del empresariado colombiano” como las calificó el presidente Santos. Mientras las inversiones de la “crema y nata” del empresariado salvadoreño en Colombia igualan esa cifra si a las crecientes inversiones del Grupo Poma en hoteles le agregamos las del Grupo Kriete con la fusión de TACA en AVIANCA. Pero nuestra balanza comercial tiene un déficit de $100 millones, con importaciones de $113 millones y exportaciones de $12.5 millones, mientras el turismo ha crecido significativamente superando 21 mil turistas a Colombia y 23 mil a El Salvador.

Particular importancia merece la propuesta del presidente Santos de apoyar la incorporación del triángulo del norte de Centroamérica a la Alianza Transpacífica. Formada por las grandes economías de Estados Unidos, Latinoamérica y Asia en el océano Pacífico, este espacio geoeconómico abrirá crecientes oportunidades de comercio e inversiones para sus miembros.

Colombia ha recogido la exitosa experiencia de El Salvador en el logro del acuerdo de paz, y parece también decidida a sacar lecciones de nuestro fracaso en mantenerla y consolidarla, en el incremento de la violencia que nos ha acompañado en este cuarto de siglo de posguerra, y en no haber puesto a las víctimas en el centro del acuerdo. Solo así, con verdad primero y perdón después, será posible que haya un poco de justicia y reconciliación en su compleja transición donde la justicia transicional los acompañará desde el comienzo. Interesante fue la afirmación del presidente Santos que de los participantes del proceso de paz los más moderados y constructivos son las víctimas, porque ellas más que nadie quieren evitar que la tragedia se repita en las próximas generaciones.

Buena parte del impulso de los negocios, de la excelente relación diplomática y de las “buenas vibras” se la debemos al trabajo de tres años del embajador Julio Riaño, que recibió el reconocimiento unánime de ponentes y asistentes al foro.

Colombia es naturaleza, biodiversidad, magia salvaje, diversidad racial y cultural en medio de dos océanos, es café y dulce de guayaba, lenguaje, literatura y librerías, teatro, pintura y museos, es música, cumbia, salsa y vallenato, es vida y alegría que ahora se impone a la muerte y tristeza de la guerra, de la droga, de los narcos y de los paras. Después de medio siglo de guerra, con la paz Colombia tendrá aún más esperanza y futuro.

Con los colombianos los salvadoreños nos sentimos bien. Para la prosperidad, el arte y la cultura, para el espíritu, el futuro y el bien, con Colombia debemos profundizar nuestra sociedad y nuestra alianza.

Tags:

  • colombia
  • manuel santos
  • visita
  • empresarios

Lee también

Comentarios

Newsletter