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¿Por qué escribir historia?

¿Por qué escribir historia? Es una pregunta que hasta hace unos años no tenía razón de ser, porque todos estábamos de acuerdo en que redactar nuestras historias nos hacía sentirnos pertenecientes a un país, a una familia, al universo mismo; escribir la historia ha sido redactar un poema a la vida misma, para que los que pertenecemos a esta era o a otras simplemente seamos recordados por las futuras generaciones.
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Debo acotar, que gracias a que muchas personas han escrito sus acontecimientos, nosotros podemos señalar a los Grandes y a los infames, a los hacedores de vida y a los mutiladores de esperanzas; un historiador ejemplo fue Suetonio, quien nos ilustró y se aseguró de que tanto las hazañas como las estupideces de los Cesares quedaran registradas para la posteridad; fueron Mateo, Marcos, Lucas y Juan, quienes en la Biblia nos plasmaran sus vivencias y las historias, con las que Jesús, El Hombre, dejó la enseñanza más hermosa de la vida: Amar a tu Dios sobre todas las cosas y Amarnos los unos a los otros; luego llegamos a épocas más próximas, en donde los gritos patrios arrancaron la euforia que se había escondido por 329 años de yugo, para que la “Libertad” quedara firme hasta ahora. ¡Qué tiempos aquellos!

Resulta, para nuestra decepción, que lo hermoso está pasado de moda, esa fue la respuesta de una estudiante universitaria, cuando se le pidió que cantara una estrofa de nuestro Himno Nacional; pasado de moda; perdonen pero el Himno Nacional es historia pura, que evoca el fervor de cada país, es recordar por qué existimos, por qué somos nacionales, es el grito escarnecedor de los que sufrieron por tantos años; la historia patria se ha escrito no solo con balas y sangre derramada por estas, sino también, por sangre derramada por los esclavos y por las culturas que han ayudado a sepultar. Cada vez que preferimos cantar o emular las culturas transnacionales estamos enterrando a los indígenas que corrieron o caminaron por nuestros cerros y valles. No hay un mañana, si no escribimos el presente, sin pasionismo, solamente con verdad.

Para escribir hay que saber leer, porque las letras las dibujamos gracias a la persona que nos las enseñó primero, pero luego, el formar las oraciones que recordaran los momentos, es tarea de todos.

Me causa tristeza ver a tantos salvadoreños que han tenido la historia moderna en sus manos, pudiendo convertirse en escribanos mudos de los momentos, prefiriendo, sin embargo, jugar con la verdad, para que los poderosos del presente estén satisfechos de sus letras, pensando que en algún momento se les compensará; ¡qué tontos! porque cuando se venden a los intereses profanos, nadie, del color que sea, confiará en sus palabras porque todos saben que escriben al vaivén del dinero.

La historia es injusta con los contemporáneos, porque decir la verdad causa dolor a los que se las recitan, ya que la verdad siempre duele, si no, no, no hubiera muerto El hijo del Hombre. Cabe preguntarse en este momento: ¿Qué 15 de septiembre vamos a celebrar? Creo que el que debemos celebrar aún no se ha escrito, porque los encargados de ratificar la verdad dicen mentiras a lo lejos, para cubrir sus errores históricos.

Los sacerdotes Matías Delgado, hermanos Aguilar y Cañas, combatieron sin fusiles, combatieron tan solo con sus intereses y las letras; hoy la Libertad está siendo presa del terror y de la ignorancia, de la injusticia y del oportunismo.

¡Sí! Celebremos la independencia, pero con el estandarte del verdadero significado de nuestra reciente nación ¡Dios, Unión y Libertad! 195 años, que renazca El Salvador. ¡Viva El Salvador!

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  • escribir
  • cultura
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