¿Por qué los pueblos se rebelan?

Pocas veces las ideas plasmadas por José Ortega y Gasset en su ensayo filosófico “La rebelión de las masas” han tenido tanta vigencia como hoy día. Esta obra que retrata en cierta forma la efervescencia social y política que han experimentado en años anteriores los países del norte de África y algunos del Cercano Oriente, así como la conflictividad entre la cultura occidental y la islámica, fue publicada por primera vez en 1930, pocos años después de ocurrida la Primera Guerra Mundial.
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En algunos de sus capítulos Ortega y Gasset hace alusión al “hombre-masa”, refiriéndose al poder que adquieren los grupos sociales cuando actúan en forma masiva en la consecución de ciertos objetivos.

Los recientes triunfos de la oposición en las elecciones legislativas de Venezuela y en las elecciones presidenciales de Argentina constituyen un claro ejemplo de lo que Ortega y Gasset sostiene en su obra. Todos estos cambios ponen de manifiesto que en el Cono Sur se está gestando un movimiento sociopolítico que busca hacer más eficiente la democracia en estos países, que han sido gobernados casi dos décadas por regímenes que han mantenido el desarrollo económico de estos pueblos dependiendo en parte de la explotación de sus recursos naturales, descuidando algunas actividades productivas importantes como la agricultura –en el caso venezolano– que ha obligado a este país a importar diferentes productos, más que a exportar, lo que ha generado el desabastecimiento de esos productos para el consumo de la población.

Es importante además, hacer alusión a la crisis por la que pasa la presidenta de Brasil, quien es acusada por la oposición de ese país por posibles actos de corrupción durante su mandato, acontecimientos que estuvieron precedidos por masivas manifestaciones de la población en contra de la mandataria en meses anteriores.

Aunque parece que la mandataria no forma parte de la corrupción que experimenta su país, sería conveniente que se sometiera a la justicia para que demuestre su inocencia o culpabilidad en este grave caso de corrupción.

Cuando ocurren situaciones de corrupción como las expuestas en párrafos anteriores, es necesario que los gobernantes de los países vecinos pongan sus barbas en remojo para evitar ser los próximos en afrontar la justicia por posibles casos de corrupción.

Es evidente el poder de las masas que se ha puesto de manifiesto en diferentes acontecimientos históricos como la Revolución Francesa, la Revolución Bolchevique, y más recientemente, en la “primavera árabe”, que logró derrocar regímenes dictatoriales enquistados en el poder por muchas décadas.

Pero las masas en algunas ocasiones son manipuladas e influenciadas por tendencias ideológicas que polarizan a la sociedad en sectores de izquierda y de derecha.

En su obra Ortega y Gasset para demostrar que no tiene ningún sesgo ideológico sostiene: “Ser de izquierda es como ser de derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral”. Y agrega: “Hoy las derechas prometen revoluciones y las izquierdas proponen tiranías”.

En el ámbito nacional, continúa la polarización en la Asamblea Legislativa que no permite a los diputados llegar a acuerdos para la aprobación de leyes que urgen al país. Sin embargo, la elección del nuevo fiscal general que recientemente ha sido juramentado es una muestra que cuando los diputados de las diferentes fracciones legislativas anteponen los intereses de Estado a los intereses ideológicos se puede lograr acuerdos que contribuyen a que el país logre avances en la solución de los problemas que agobian al país.

Todos deseamos que el problema de la partidocracia existente en la Asamblea Legislativa debería superarse para que la aprobación de leyes importantes para el país no obedeciera a la decisión de las cúpulas de los partidos políticos.

Es digna de imitar la actuación del diputado de ARENA Johnny Wright, quien se abstuvo de votar para la elección del nuevo fiscal general, por la forma en que se negoció dicha elección, demostrando con ello la independencia que deberían tener los diputados de sus cúpulas partidarias, en el momento de votar por la aprobación o no de proyectos de ley.

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