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¿Por qué no logramos entendimientos políticos?

Para unos, el logro del desarrollo y de la democracia significará la anulación y desaparición de los otros.
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¿Por qué no logramos entendimientos políticos?

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Hace un par de semanas fui invitado a participar como comentarista a un evento organizado por FUSADES, denominado “Experiencias de diálogo en América Latina: factores de éxito y fracaso”. Quisiera compartir algunas reflexiones hechas a la ocasión.

En algunas experiencias latinoamericanas el diálogo ha conducido a acuerdos/pactos en problemáticas particulares, o a otros de mayor alcance como los pactos de Nación. En algunos casos esos acuerdos se ha implementado exitosamente, otros los han hecho a medias, y otros han quedado simplemente en el papel. En nuestro país, aunque ciertos acuerdos solamente quedaron en el papel, como fueron las Acciones Iniciales del Plan de Nación, la mayoría de los esfuerzos de diálogo impulsados en la historia reciente no han dado como resultado ni siquiera un documento concertado.

Los 26 esfuerzos de diálogo que según un estudio de FUSADES se han dado recientemente en el país no han producido un resultado relevante. En este sentido, nuestras experiencias de diálogo han sido generalmente un fracaso. Sin duda esto ha marcado el escepticismo, especialmente hacia cualquier esfuerzo de diálogo impulsado desde el gobierno o de los partidos políticos. Lo que se ha venido construyendo es desconfianza y no confianza.

¿Qué factores han incidido en este fracaso generalizado de los esfuerzos de diálogo? Ya varios analistas y análisis los han destacado: facilitación/mediación inadecuada, falta voluntad y compromiso político, desconfianza, períodos electorales frecuentes, uso electoral o propagandístico de los espacios de diálogo, falta de ingeniería política, ausencia de métodos efectivos de diálogo/negociación, polarización política. Entre todos ellos, este último cobra relevancia.

Ahora bien, polarización política hay en Estados Unidos, en Colombia, en México, y otros países, y sin embargo, de la confrontación política han emergido importantes acuerdos parciales o generales. Por tanto, ¿cuál es el tipo de polarización política que tenemos en El Salvador y que se constituye en la principal causa estructural que ha impedido generar acuerdos o impulsar/concretar algunos de los pocos logrados?

Una cosa son las dinámicas de la confrontación política dentro de los sistemas partidarios polarizados, y otra son las dinámicas de la guerra política dentro de los mismos. En El Salvador, la polarización transita más por los circuitos de la guerra política que en los de la confrontación partidaria.

En la confrontación partidaria las ideas, los proyectos, las políticas públicas, las decisiones, se confrontan entre los adversarios, mientras que en la guerra política estas se anulan entre los enemigos. En la confrontación política se trata de vencer al partido contendiente en el debate o en las urnas; en la guerra política se trata de aniquilar sistemáticamente al oponente. En la confrontación política hay espacio para acuerdos y desacuerdos en cosas sustantivas, pero en la guerra política solo hay espacio para las trincheras de los desacuerdos. Como nota curiosa de ello, es que en nuestro país hasta los discursos y símbolos políticos están cargados de palabras o consignas guerreristas: muerte a la oligarquía, la tumba de los rojos, patria o muerte, patria sí comunismo no, enemigo político, combate electoral, etcétera.

Tal tipo de polarización política guerrerista tiene como uno de sus orígenes el hecho que los principales contendientes, ARENA y FMLN, tienen dos visiones y conceptos excesivamente opuestos del desarrollo y de la democracia. De tal suerte que para unos, el logro del desarrollo y de la democracia significará la anulación y desaparición de los otros.

Especialmente en este último tema de la democracia, el hecho de que el partido oficial no defina claramente que su participación en el juego democrático es un asunto estratégico y no táctico, que sus acciones y declaraciones no evidencien que buscan el poder total sin el respectivo compromiso con el balance de poderes, mientras como alumno aventajado profundice la práctica heredada de ARENA del control partidario de las instituciones, mientras ello no se despeje de forma sustantiva y contundente, la desconfianza será polar y estructural, y la falta de voluntad para llegar a acuerdos, descomunal. Mientras no se desmonte este escenario de fondo que han exhibido nuestros procesos de diálogo, muy difícilmente producirán entendimientos políticos sostenibles y en temas sustantivos.
 

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