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Por ser niña

El 11 de octubre se celebra por lo alto el Día Nacional e Internacional de la Niña, en diferentes instituciones gubernamentales, ONG, escuelas, etcétera, invocando el interés superior de las niñas contenido en los correspondientes cuerpos legales.
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Hoy día es imposible mantener a la niñez en el estado en que hace algunas décadas nos mantuvieron a nosotros: ignorando o no habiéndonos involucrado directamente en muchos aspectos propios de la adultez, como trabajar para contribuir al sustento propio y del grupo familiar; la desintegración familiar porque los padres se fueran del país, dejándonos con otros parientes; el acceso a revistas o pasquines “impresos” con fotografías y/o artículos mostrando adultos desnudos o en actividades sensuales o sexuales; el acceso a cines a ver películas, pues por lo general eran los mayores quienes sosegadamente, después de cenar, se iban a pie (en las ciudades pequeñas) o en sus vehículos, por la tarde-noche a ver alguna película, mientras los pequeños nos quedábamos en casa con abuelos, niñeras u otras personas. Tampoco se impartía en las escuelas la llamada “Educación Sexual” de hoy; ¡no había televisión!, y cuando la hubo, eran pocos los canales, y realmente no recuerdo haber sabido de cuestiones pornográficas en la tele; ¡y peor tantito, no había computadoras ni celulares!

El progreso y desarrollo de los pueblos ha avanzado; la tecnología es valiosa y útil, siendo una gran ventana de escape de la ignorancia (eso es bueno), pero también de la inocencia, enturbiando la pureza. A partir de esas instancias (publicidad, comerciales, consumismo, etcétera), las niñas pueden reforzar ciertos estereotipos e inseguridades; inclinándose por ser populares y sexi, lo cual les puede acarrear insultos como “esa perra”, desórdenes como la anorexia, la drogadicción y la sexualidad precoz; y por supuesto el alejamiento del temor a Dios, que es básico para llevar una vida equilibrada.

¿Cómo actuar en la formación de nuestras niñas, paralelamente a estas realidades? Con sabiduría, paciencia y amor. Que no les “abran los ojos” otros, sino nosotros, presentándoles la verdad y exponiéndoles nuestras cicatrices; motivándolas a realizar actividades que las hagan felices y las ayuden a descubrirse a sí mismas y a tenerse confianza, a desarrollar pasiones; enseñarles responsabilidades en la adquisición y manejo del dinero, en la salud y la alimentación; enseñarles a ser mujeres, y para esto último, ninguna mejor mentora que la mamá. En la formación de las niñas, un importante porcentaje nos corresponde a los padres, mientras que el resto es el generoso aporte de los educadores formales. Una niña bien educada, ni será mojigata, ni rara, ni turbia, mucho menos juguete ni títere de nadie; disfrutará que la amen, pero también podrá amar.

Sería saludable que en los colegios y escuelas se adicionaran tiempo y espacio para la enseñanza de: orientación sobre negocios ilícitos y peligrosos (narcotráfico y otros); sexualidad, embarazos y enfermedades de transmisión sexual (sembrarles sueños de una vida ordenada, agradable, próspera); hábitos alimenticios y ejercicios corporales; corte y confección; (explicarles lo bonito de hacerse sus blusas y shores); cocina y pastelería; fontanería, albañilería, electricidad y carpintería; etcétera. Esto, además de inculcarles el amor y el respeto a Dios (bien enseñado), haría que la educación de nuestras niñas sea integral, para que estén preparadas a enfrentar la vida venga como venga, y salir avantes.

¡Muchas felicidades a todas las niñas lindas de El Salvador; que Dios las bendiga!

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