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Por un El Salvador con equidad de género

Las mujeres han sido, a lo largo de la historia de El Salvador, ejemplo de lucha incansable en la construcción de un país más justo, en el que todos y todas tengamos la posibilidad de gozar de nuestros derechos con mayor igualdad de condiciones.
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Hugo Martínez / Candidato presidencial por el FMLN

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Muchas salvadoreñas se han destacado por abonar a ese camino, entre ellas Prudencia Ayala, valiente escritora y activista que desafió al poder de su época para reclamar el derecho de las mujeres a participar en política; además, nuestra querida María Isabel Rodríguez, quien abrió brecha al graduarse con honores como doctora en medicina en 1949 y sigue siendo a la fecha una respetada referente mundial en su campo. Como ellas, hay infinidad de mujeres que, desde diferentes ámbitos –campesinas, profesionales, estudiantes, líderes sociales y comunitarias, dirigentes políticas y veteranas– han puesto su vida y esfuerzo por un mejor país.

No hay duda de que en los últimos años se ha avanzado por reconocer su enorme contribución a nuestra sociedad, generándose cada vez más espacios y oportunidades para su crecimiento, así como por medio de la creación de políticas públicas, planes nacionales y legislación que favorecen su inclusión y el respeto a sus derechos. En ese sentido, ha sido importante la aprobación de la Ley de Igualdad, Equidad y Erradicación de la Discriminación contra las Mujeres; la Ley Especial Integral para una Vida Libre de Violencia para las Mujeres, así como otros programas y esfuerzos que se han ejecutado en distintos niveles de la administración pública.

Se ha iniciado, pues, una ruta en la que no podemos admitir retrocesos. Por el contrario, nuestros tiempos nos demandan seguir los esfuerzos para que esa aspiración de justicia y equidad sea una realidad más palpable, pues a pesar de los progresos, muchas mujeres siguen viviendo en exclusión social y enfrentan grandes obstáculos para su desarrollo, también sufren violencia en sus múltiples manifestaciones e incluso son víctimas de feminicidios, una situación que tristemente continúa dándose con frecuencia y contra la que debemos orientar fuertes acciones para erradicarla.

Bajo esa perspectiva, es indispensable que las mujeres sean tomadas en cuenta y con ello participen de manera directa en la consolidación de un país que asegure la superación de las condiciones anteriores, trabajando en primera línea en los temas que les impactan de forma radical. No es posible aplicar exitosamente ninguna política, ni programa de género, sin la presencia de las mujeres mismas en las estructuras donde se diseñan y definen estas iniciativas.

Es necesario edificar un país donde ellas gocen de salud, educación, empleo digno, autonomía, una vida libre de violencia y su derecho a incidir en las decisiones del ámbito nacional, sin ningún tipo de discriminación o diferenciación por razones de género.

Desde mi experiencia, como ministro de Relaciones Exteriores, he sido un firme impulsor de esta visión. De hecho, con orgullo puedo decir que, hoy en día, el 40 % de las representaciones de El Salvador en el extranjero son lideradas precisamente por mujeres, un hecho sin precedentes en la historia de nuestra diplomacia.

Con esa misma convicción, a nivel regional, nuestra Cancillería fue promotora de esta agenda, al coordinar el año pasado el Grupo de Trabajo para el Adelanto de la Mujer de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños; además de colocar la situación de las mujeres migrantes como tema central durante nuestra Presidencia Pro Témpore de la Conferencia Regional sobre Migración; y, de la misma forma, ha jugado un rol de liderazgo en la aplicación nacional de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que busca promover la participación activa de las mujeres en los procesos de paz en el mundo.

Tengo entonces la absoluta certeza que debemos seguir dando pasos sustanciales para crear las condiciones que les permitan desarrollar todo su potencial, es imperativo que derribemos los paradigmas y estereotipos que las han marginado injustamente.

Por eso, ahora que representaré a mi partido en las próximas elecciones presidenciales y, al contar con la confianza de los y las salvadoreñas que permitan ocupar ese cargo, mi apuesta será fortalecer las políticas que ayuden a brindarles el lugar que se merecen las mujeres en nuestra sociedad y conformaré, además, un gabinete donde ocupen el 50 % de los cargos y sean verdaderas protagonistas. Con el compromiso de todos y todas, sé que es posible avanzar hacia ese El Salvador con equidad de género, un país que les garantice a ellas la justicia a la que tanto tienen derecho.

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