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Por un futuro de paz

El lunes 26 de septiembre fuimos testigos de dos momentos históricos de gran trascendencia para el futuro de América Latina: el primer debate entre los candidatos a la presidencia de Estados Unidos de América, Hillary Clinton y Donald Trump.
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Y la firma de los Acuerdos de Paz en Colombia, entre la guerrilla de las FARC-EP y el Gobierno colombiano. El primero, porque podría tener una enorme incidencia negativa, si gana la presidencia el candidato republicano. El segundo, porque pone a Colombia en una senda menos tortuosa, en su avance a un futuro más promisorio.

En el debate presidencial, en el que por primera vez participó una mujer, la expectativa estaba más bien centrada en que Hillary Clinton presentara en forma clara y concisa sus propuestas de gobierno. Y que Donald Trump no cometiera muchos errores graves o exabruptos; en buen salvadoreño, “que no metiera tanto la pata”. Al final, para unos hubo un empate y para otros Clinton ganó el debate; pero fueron muy pocos los que dijeron que lo ganó Trump. Esperemos los otros debates y la recta final, para comentar más sobre este tema.

Ahora, refirámonos al acuerdo de paz en Colombia, que pone fin a una de las primeras y últimas guerrillas de América Latina. Comparándolo con el Acuerdo de Paz de El Salvador, el de Colombia también tuvo la participación de importantes actores internacionales; pero contó, en particular, con la experiencia nuestra tanto negativa como positiva, a través de miembros de la ex Comisión Político Diplomática, de la ex Comandancia General del FMLN y de negociadores del gobierno salvadoreño de aquella época.

En nuestro proceso, recogimos sin dudas el sentimiento de cansancio de guerra que existía principalmente en el pueblo salvadoreño, en la ciudadanía que fue la más afectada por los excesos y crímenes de ambos lados; y el cansancio por el impase o empate militar, que había entre la guerrilla y el ejército salvadoreño. Pero, aunque hubo representantes de los partidos políticos, iglesias y sindicalistas en diferentes momentos, al final, la negociación fue cosa de dos: el Gobierno del expresidente Cristiani y los miembros de la ex Comandancia General. Por el contrario, en Colombia se acordó la consulta popular del 2 de octubre, cinco días después del acto oficial de la firma del acuerdo de paz, para terminar de validarla o legitimarla.

En El Salvador, en este año fue declarada inconstitucional por la Corte Suprema de Justicia la Ley de Amnistía, que fue pilar básico para que el ejército aceptara firmar la paz en 1992. El argumento principal fue que no hubo juicio a los culpables de crímenes de guerra y de lesa humanidad; y que no hubo justicia restaurativa, a favor de los familiares de las víctimas de la guerra. En Colombia, habrá juicio para los culpables de crímenes de guerra de ambos bandos, que será menos severo para los que acepten sus crímenes y muy duro contra los que intenten evadir la justicia. Y en Colombia, existe un plan para apoyar a las víctimas de la guerra y para atender a los jóvenes después del conflicto; seguramente, con el objetivo de evitar que proliferen las pandillas, como nos sucedió en El Salvador. ¡Deseamos que Colombia consolide la paz!

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