Posible regreso a tu país

El riesgo de perder el TPS era inminente con el presidente Donald Trump, quien bajo su lema de campaña “America First” proclamó que buscaría terminar con toda inmigración no formal que fuera un riesgo de quitar un empleo a trabajadores estadounidenses.

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Además, para cancelar el programa denominado “Estatus de Protección Temporal”, TPS, el gobierno estadounidense se sustentó en que el gobierno de El Salvador reportó un sólido crecimiento económico y con expectativas de seguir mejorando, con un desempleo de 7 %. Gravísimo error. Omitieron decir que la mitad de los trabajadores están en el sector informal, que anualmente unos 40 mil jóvenes no logran empleos formales, y que la delincuencia agobia a familias, trabajadores y empresas.

Desde hace un año, todo esfuerzo diplomático, político y acciones gubernamentales debió apuntar a una causa: asegurar la permanencia de nuestros hermanos salvadoreños en Estados Unidos de América, EUA. Poco se hizo, e incluso se mantuvieron iniciativas contrarias a la posición de esa nación, como el apoyo de El Salvador a Venezuela y a Cuba.

Mirar para atrás y buscar responsables no tiene sentido. Mejor veamos las opciones que hay y qué se puede hacer ante un posible regreso masivo de compatriotas, donde muchos arreglarán sus papeles para quedarse, otros se arriesgarán a vivir como ilegales, y varios emigrarán a otros lugares.

¿Qué opciones se tienen como personas o como país?

Primero, quienes tienen TPS deben aprovechar esta última oportunidad, y realizar los trámites antes del 19 de marzo, para asegurar su permanencia hasta el 9 de septiembre de 2019.

Segundo, asumir como país un gran objetivo estratégico social y económico: buscar una decisión política favorable del Congreso estadounidense, para que pueda quedarse en ese país todo tepesiano que lo desee hacer. Este es el camino óptimo, difícil pero no imposible por el amplio reconocimiento hacia los salvadoreños, porque la inmensa mayoría han hecho aportes a esa gran nación con su trabajo, sus inversiones y los impuestos que han pagado.

Tercero, están los “soñadores” (DACA), que tienen mejores probabilidades de quedarse, porque los legisladores del caucus hispano sostienen que su permanencia “no es negociable”. Algo no definitivo, solo esperanzador, porque el Gobierno estadounidense aún no tiene decisión ante este programa por vencer.

Cuarto, nuestros hermanos deben comenzar desde ya a preparar todo para un posible regreso. Indudablemente el retorno será un duro golpe financiero para ellos y para la economía salvadoreña, que recibió $5,021 millones en remesas en 2017.

Proponer emigrar a Catar no tiene sentido porque, si bien allá pueden tener buenos ingresos, es un país señalado por graves violaciones de derechos laborales y humanos. Sugerir emigrar a Bolivia es ilógico, porque los salarios de los salvadoreños serían tan bajos como en El Salvador. El PIB por persona en Bolivia fue $3,100 y en El Salvador $4,230 en 2016 (CEPAL).

Mejor, adoptemos medidas para facilitar su regreso, como exenciones tributarias para su menaje de casa, carro, repatriación de capitales e inversión en su nueva empresa. Ellos tienen la fuerza que caracteriza al emigrante y que hace grande a los países donde van. No es cosa de darles unos pocos dólares, es de abrirles las puertas de regreso a su país, para que se sumen al esfuerzo por hacer grande y próspero a El Salvador.

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