Preguntar, el derecho de todos a la información

Recientemente nos reunimos para hablar sobre la Ley de Acceso a la Información Pública, algo que nos ha permitido tener grandes avances en el tema de transparencia.
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Y que, para muchos, solo es un instrumento para los periodistas. Sin embargo, aunque los periodistas buscamos capacitarnos cada vez más en cómo sacarle provecho a esta ley, también debemos propiciar que el ciudadano busque usar esta ley en su beneficio y genere opinión e información a partir de ella.

El Instituto y la ley están al alcance de todos, pero muy pocos ciudadanos le sacan provecho. Y como siempre lo he expresado, no hay mejor forma para generarse un criterio y una opinión si no es por la información que tenemos. Uno de los principales pecados capitales que cometemos en este país es que opinamos y enjuiciamos sobre todo tipo de temas, sin tener la información necesaria.

Votamos sin suficiente información de los candidatos en contienda, apoyamos iniciativas de ley o las desechamos sin leerlas, defendemos ideales, partidos políticos, principios y otra serie de cosas sin leer, sin informar y sin conocer a fondo.

Una sociedad informada sin duda tomaría mejores decisiones con más criterio y con menos posibilidad de cometer grandes equivocaciones, de votar por mesías inventados o por gente que no está lo suficientemente preparada.

Hasta hoy, nuestro criterio para elegir a los políticos tiene que ver con una cuestión de percepción, de si nos cae bien o mal, de si nos da buena vibra o no. Y ese no puede ser nuestro enfoque. ¿Cuánto consultamos sobre las credenciales de los candidatos, de su conocimiento, de su educación, de su capacidad de ocupar uno y otro cargo?

Por eso ahora existe esta especie de desencanto con la clase política, porque no nos gustan sus decisiones y tampoco nos gusta su comportamiento, ni su derroche de desfachatez. Pero realmente nunca hemos hecho un gran esfuerzo por educarnos en este tema.

La ley de acceso nos puede servir para pedir las declaraciones patrimoniales de los candidatos, para conocer cómo ejecutaron su servicio en otros puestos de Gobierno, para saber sobre sus contrataciones o los señalamientos que tengan en otros puestos. El tema es leer la ley y educarnos sobre ella. Volvernos ciudadanos educados, informados y empoderados.

Así como hacía años la media escolar era muy bajar, el subir ese nivel educativo nos ha permitido que la gente cuestione más sobre su entorno. Un pueblo educado siempre será mejor que uno que no sabe o no se interesa por su entorno.

Nosotros, a través de la ley, hemos podido revelar casos importantes que nos incumben como ciudadanos, sobre los recursos del Estado que derivan de nuestros impuestos. Así revelamos cuánta gente está contratada en la Asamblea, cuántos asesores devengan grandes salarios. Así también reconocemos a las instituciones del Estado que hacen hasta lo imposible por negar la información que saben que puede traerles múltiples críticas. Este es un proceso en el que todos debemos aprender.

Nosotros, ciudadanos, a preguntar, a cuestionar, a no estar de acuerdo. Y ellos, funcionarios, a saber que si están en puestos públicos estarán de forma permanente bajo nuestro escrutinio. Y que si se equivocan o toman decisiones en detrimento de la sociedad, no serán reelegidos.

Cada vez tenemos más elementos a la mano, basta que los usemos y nos creamos el poder que la información y un voto bien pensando nos otorga.

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