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Preliminares del 28F

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Federico Hernández Aguilar - Escritor y columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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¿Alguna vez hubo justificación para gritar "¡Fraude! ¡Fraude!" por parte del oficialismo? No. A juzgar por los datos preliminares que arroja el resultado electoral de este domingo, jamás existieron argumentos de peso detrás de ninguna de las teorías conspirativas que esgrimieron los voceros de Nuevas Ideas y –¡ay!– algunos funcionarios de gobierno. ¿A qué obedecía entonces tanto nerviosismo como vimos al final de la campaña? Probablemente al hecho que los electores tienen formas muy singulares de comportarse, y a que las encuestas indicaban niveles de participación por encima de los números históricos para unos comicios de medio término.

Ambas cosas pasaron. Si bien el porcentaje de gente que fue a votar, respecto del total de ciudadanos empadronados, fue menor al obtenido en la presidencial de 2019, en términos absolutos esta vez salieron a votar más personas que en la elección de hace dos años. Esto, en teoría, debió convertirse en una oportunidad de crecimiento para los partidos de oposición, sobre todo para los pequeños, tanto nuevos (Vamos, Nuestro Tiempo) como viejitos (PDC y PCN). Por qué esto no ocurrió merece un análisis aparte, pero es necesario llegar a él para determinar el tipo de agendas que la oposición debería impulsar si es que quiere ser relevante.

Que ARENA y el FMLN iban a salir seriamente afectados era algo previsible. El primero, en efecto, sufrió un golpe durísimo, que sin embargo no lo desbarrancó del puesto que tiene como primera fuerza de oposición. Lo del Frente sí es un verdadero cataclismo. Para decirlo en toda su crudeza, lo más probable es que, cuando el TSE emita resultados oficiales, el partido que hace solo dos años estaba en el poder ejecutivo hoy esté delante del peor desempeño electoral de su historia.

Si la trayectoria del FMLN fuera una fábula, su moraleja es bastante clara: siempre es peligroso criar los cuervos que pueden terminar sacándote los ojos. Nadie es más culpable de su propia debacle que las sucesivas dirigencias del Frente, anquilosadas a la ideología antes que a la realidad. Y en las contadas ocasiones en que estas dirigencias trataron de practicar el pragmatismo, apostándole a "outsiders" –llámese Mauricio Funes o Nayib Bukele–, los elegidos le devoraron las entrañas. La factura del 28F, por lo tanto, no debería pagarla el grupo que hoy encabeza Óscar Ortiz, sino esa caterva de dinosaurios que debió pedir la jubilación hace tiempo.

ARENA ha tenido una mayor disposición a renovarse, pero tampoco ha cantado mal las rancheras a la hora de jubilar a ciertos personajes. Para colmo, también se ha equivocado al elegir caritas para demostrar su "modernización". Todavía en estas elecciones incluyó personas, en sus planillas para diputados, cuyas credenciales democráticas o morales eran por lo menos dudosas.

En el momento en que escribo estas líneas, todavía está en juego la mayoría calificada de la Asamblea Legislativa. Pero ya se sabe que uno de los grandes perdedores del 28F es GANA, el socio incondicional de la actual administración. Con la probabilidad de perder la mitad de sus actuales diputados, el partido fundado por Tony Saca está sufriendo las consecuencias de haber escogido a un aliado que, como sucedió al FMLN, puede terminar destruyéndolo. La reflexión que les toca es profunda y urgente. ¿La harán? Creo que deberían. No solo por ellos mismos, sino también por nuestra democracia.

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