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Preocupación ciudadana por el presente y por el futuro del país

En ese sentido, la encuesta más reciente de LPG Datos reitera juicios ciudadanos de valor que deben ser tenidos muy en cuenta, tanto por los que están ahora mismo a cargo de la alta conducción del proceso nacional como por los que dentro de muy poco asumirán dicho encargo.
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Más allá de las evaluaciones circunstanciales, que como bien se dice son retratos del respectivo momento, la ciudadanía viene mostrando una indudable preocupación por lo que le afecta en la actualidad y por lo que podría afectarle en el futuro. Esto, como es obvio, está por encima de cualquier percepción de carácter inmediatista, pues se trata de contrastar lo que la ciudadanía siente y vive con lo que la realidad ofrece y anuncia. En ese sentido, la encuesta más reciente de LPG Datos reitera juicios ciudadanos de valor que deben ser tenidos muy en cuenta, tanto por los que están ahora mismo a cargo de la alta conducción del proceso nacional como por los que dentro de muy poco asumirán dicho encargo.

Cuando se le pregunta a los encuestados qué opinan sobre el estado general del país, un 65.2% responde que está mal o muy mal; y sólo un 15.9% dice que está bien o muy bien. Al seguir las líneas de respuesta a lo largo del tiempo hay desde luego variaciones, pero que se mantienen dentro de los mismos rangos. Por ejemplo, en 2009, los que creían que estaba mal o muy mal eran el 65.6% y los que opinaban que bien o muy bien eran el 14.6%. Lo cierto, a partir de tales percepciones, es que la ciudadanía no siente progresos significativos a lo largo del tiempo, lo cual estimula el malestar y el pesimismo, que son tan dañinos para la buena marcha en términos generales.

Al preguntar por el rumbo del país, el 61.3% considera que se va por el rumbo incorrecto, y sólo el 20.7% que se sigue el rumbo correcto. Y aquí hay que hacer una puntualización digna de análisis: allá en 2009, el año de la alternancia, el número de los que creían que el país iba por el rumbo correcto alcanzaba el 27.3%, y los que estimaban que el rumbo era el incorrecto se reducían al 40.4%. Esto indica que, al inicio de los períodos presidenciales, tiende a haber siempre un ánimo positivo en la población, que debe ser aprovechado por los que gobiernan no en función de su beneficio sino para inducir mejorías reales y consistentes en la vida de la ciudadanía.

Lo que no hay que perder de vista es que en las diferentes mediciones sucesivas de la opinión ciudadana hay un bloque de percepciones que se refieren a lo inmediato, que desde luego es importante, y acapara casi toda la atención del momento correspondiente; pero también hay un juicio de valor de parte de los ciudadanos respecto de la situación nacional en perspectiva, a la que comúnmente se la presta muy poca atención. Y aquí, en este último punto, es donde la gente mide sus expectativas de presente y sus perspectivas de futuro. Para el caso, no es posible continuar ignorando la reiterada inconformidad de la ciudadanía sobre el rumbo del país.

Estamos a muy poco de entrar en la recta final de la campaña que llevará a la decisión en las urnas sobre cuál partido y qué candidato serán llamados a tomar la conducción a partir del 1 de junio de 2014, menos de un año a la vista. Hasta la fecha, nada se ha oído en la campaña sobre el tema rumbo de país. Las cuestiones menudas, que también son relevantes por supuesto, siguen copando mensajes, declaraciones y propuestas. Es tiempo de hablar más a fondo.

En estos tiempos de aperturas hacia lo interno y hacia lo externo –aquí y en todas partes, en el mundo llamado desarrollado y en el que busca vías para llegar a serlo–, el rumbo de país no puede estar marcado ni por obsoletos esquemas ideológicos ni por un pragmatismo que no respeta nada. Debe ser un rumbo concordante con la realidad y a la vez inspirado en ideales de mejoramiento integral.

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