Presidente: ¿El partido o el país?

“Cuando un gobernante debe escoger entre el país y el partido, si escoge el partido perderá el partido y el país” (autor desconocido).
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Después de concluir el año saliente liderando el índice mundial de homicidios, comenzamos este año con múltiples sucesos que han generalizado y agudizado la confrontación nacional, preludio de una acelerada ingobernabilidad nacional. El presidente deberá decidir entre su partido y su país.

Al masivo derrame cerebral y muerte del expresidente Flores, la confrontación sobre los destinatarios finales del dinero de Taiwán y la responsabilidad por acción y omisión de los diversos actores involucrados, le siguió la entrada y reclamo en Casa Presidencial de cientos de policías con pasamontañas pidiendo aumentos salariales, dando un plazo de 15 días que vencen este día; la guerra político-mediática abierta por el arresto de 4 militares y la búsqueda de los 11 restantes involucrados en el asesinato de los padres jesuitas por la orden internacional de extradición a España; la masiva propaganda de ANEP en los principales medios de comunicación anunciando “El Robo del Siglo”, que afectará a todas las familias salvadoreñas” con la reforma de las pensiones que anunciará el gobierno próximamente y que agudizará la confrontación nacional; los reportajes de la investigación de los dos principales periódicos sobre el ataque cibernético y el intento de hackeo bajo la supuesta dirección del actual alcalde de San Salvador; la decisión de Corte Plena de que se enjuicie civilmente al expresidente Funes por presunción de enriquecimiento ilícito; y el anuncio del procurador para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH), diciendo: “...Haré una solicitud al fiscal general de la República a que considere el impulso de investigación en crímenes incluidos en la Comisión de la Verdad de ambos bandos”... Y todo lo que está por venir... Cómo dice la popular expresión en Estados Unidos “You ain’t seen nothing yet...” (“Tú no has visto nada todavía...”).

La reunión del presidente con los partidos políticos para aplacar su preocupación por el arresto de los militares, y para reactivar el diálogo interpartidario con la incorporación de ARENA, es un primer paso en la dirección correcta. Nos preguntamos si este progresivo caos de confrontación generalizada e ingobernabilidad puede convertirse en una oportunidad que permita un viraje que nos saque del despeñadero hacia el que nos dirigimos. ¿Sería posible bajo la visión, la estrategia y el método que ha caracterizado hasta ahora la gestión del presidente y de su gobierno del partido, y bajo el comportamiento confrontativo de ARENA y de ANEP?

Uno de los más ilustrados y visionarios asesores del presidente –en seguridad nacional–, el Dr. Antonio Martínez Uribe, escribió esta semana: “Nuestros antecedentes indican que una razón poderosa por la que se ha fortalecido la polarización es debido a que, hasta este minuto, no hemos tenido un jefe de Estado que juegue el papel, de suyo muy difícil, pero no imposible, de cumplir, que es el de representar los intereses y anhelos del país y no solo de un sector. Estoy persuadido que Salvador Sánchez Cerén, jefe de Estado de El Salvador, tiene la voluntad de jugar este difícil papel. Y si él me pidiera consejo, de mis apuntes, retomaría al menos un par de enseñanzas de dos grandes pensadores de la ciencia política, expresándole, con el mayor respeto: ‘La clave de los diferentes grados de gobernabilidad se encuentra... en la manera en que se lleva a cabo la mediación de intereses bien diferenciados entre sociedad civil y el Estado’ (Philippe Schmitter); ‘Es posible construir un sistema democrático estable, siempre que las élites del poder: I. Deseen mantener la unidad y la cohesión del sistema; II. Puedan hacer a sus respectivos grupos sociales determinadas transacciones entre intereses divergentes, y, III. Encuentren mecanismos institucionales efectivos de acomodo entre los diversos grupos’ (Joan Botella). (Antonio Martínez Uribe, “Polarización, Gobernabilidad”, Contrapunto, 9.2.2016).

Yo coincido con Martínez Uribe respecto a la voluntad del presidente de jugar ese difícil papel, pero creo, sinceramente, que no sabe o no puede hacerlo. Se lo impide su dependencia de su estrecho círculo del partido y de sus más cercanos colaboradores del Gobierno, también del partido. Varios de los principales no tienen la formación, la experiencia, la independencia de criterio, la interlocución y la credibilidad nacional e internacional para apoyarlo política y sustantivamente para semejante desafío. Debería considerar complementar, contrastar y balancear lo que dicen sus hombres de confianza, con las de otras personas capaces y honestas, ajenas a su círculo, que podrían contribuir con ideas e iniciativas, a sacarnos del entrampamiento e ingobernabilidad que padecemos. Esto supondría un viraje de importantes proporciones que nos debería conducir a un gran acuerdo nacional de gobernabilidad y desarrollo de mediano y largo plazo.

Esto podría requerir, entre otras iniciativas, la recomposición de su gabinete, lo que podría enfrentarlo a más de algún grupo poderoso dentro de su mismo partido. Y francamente, presidente, no creo que usted tenga la independencia y la libertad de intentarlo. Pero de hacerlo, estaríamos –todos– en la obligación patriótica de ir a su encuentro, fortaleciendo su rol de estadista y jefe de Estado. De hacerlo, presidente, podría salvar al país y a su Gobierno de la debacle. Y tal vez a su partido de la estrepitosa derrota que le espera.

“Cuando un gobernante debe escoger entre el país y el partido, si escoge el partido perderá el partido y el país” (autor desconocido).

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