Prevención del suicidio en El Salvador

Cada 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y que cada año nos recuerda y propone una serie de medidas para actuar con prevención, ya que el suicidio figura entre las 20 causas de defunción más importantes a todas las edades a nivel mundial, en especial el segmento de personas entre 15-44 años, llegando en promedio a tres mil personas cada día que toman esta fatídica decisión, superando más de un millón de personas en un año. Y según las últimas estimaciones de la OMS para el año 2020 las víctimas pueden sobrepasar 1.5 millones anuales en promedio.
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De hecho se producen en la actualidad más muertes por suicidio que por la suma de homicidios y guerras de todas las regiones del mundo.

Las enfermedades mentales como la depresión, trastornos por abuso de consumo de bebidas alcohólicas y de sustancias, las sensaciones de pérdida, entornos culturales, sociales y ambientales, violencia, problemas financieros, situaciones de problemas pasionales, pobreza, el acoso del crimen organizado, las extorsiones, desempleo, problemas jurídicos o laborales, pérdidas relevantes de varios tipos, aislamiento, enfermedades terminales, la depresión y esquizofrenia, entre otras, ¿le suenan familiares en nuestro entorno? Por supuesto, en América Latina estamos con estos problemas enquistados en nuestras sociedades. Por estos motivos el suicidio es considerado como un problema de salud pública.

La depresión no tratada o sin un diagnóstico profesional en particular está en casi el 90 % del total de casos.

En nuestro país existe otro factor, y es la emulación de dicha conducta por medio de las noticias, en especial en personal que labora con armas de fuego como policías, elementos del ejército, custodios, miembros del CAM, agentes de seguridad privada, ya que con los niveles de violencia y crimen a los que se enfrentan a diario requieren de un programa de atención permanente para disuadir y brindarles apoyo para combatir los efectos del estrés postraumático. Ya que las tentativas de suicidio son hasta veinte veces más frecuentes que los casos consumados.

Para prevenir el suicidio es vital iniciar con la prevención en la familia generando en nuestros hijos esa identidad, formación en principios y valores, cómo formarles una adecuada autoestima brindándoles amor y atención; en la escuela generando relaciones saludables y con un programa de detección temprana; que los medios de comunicación principalmente los no agremiados puedan contribuir aplicando su auto censura cuando se produzcan estos casos; supervisión y control efectivos para la venta de bebidas alcohólicas, sustancias y plaguicidas; programas de atención para personas que ya están en condiciones de abusos de alcohol o sustancias que puedan implementarse en las escuelas, universidades, iglesias y centros de trabajo; fortalecer los servicios en el ISSS y la red pública de hospitales; el mejorar las autorizaciones, portación y tenencia de las armas de fuego tanto de manera legal como el combate al tráfico de armas es fundamental ya que está convirtiendo en la principal forma para quitarse la vida.

En este momento el segmento de los jóvenes entre los 15-29 años es el grupo de población que está siendo asesinado por la violencia, pero este segmento también tiene la mayor amenaza y factores de riesgo. Es evidente que la prevención del suicidio requiere un enfoque multidisciplinario, pero también debe ser innovador, integral y multisectorial. Pero lo principal requiere de sensibilización sobre la importancia de este enemigo silencioso.
 

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