Prevenir la corrupción desde la educación, 1 de 2

Siempre me ha inspirado la sabiduría del dicho: “Siembra un árbol hoy para que otros disfruten la frescura de su sombra”.
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Creo que ese es el espíritu de la ley aprobada recientemente por todas las fracciones, menos la del partido oficial, para que sea incluida la asignatura de Moral, Urbanidad y Cívica en el currículo nacional.

La educación en valores éticos universales podría ser uno de los contenidos del currículo que se proponga. Esto es diferente a la enseñanza de la fe cristiana o de la materia de religión; o de la lectura de la Biblia, que se enseña en el hogar. Con la asignatura de Moral, Urbanidad y Cívica lo que se busca es una ética común enseñada para todos los alumnos. Debería contar con argumentos racionales provenientes de las ciencias humanas, aunque estos muchas veces coinciden con los contenidos racionales de la doctrina social de la Iglesia, que coinciden con la ética filosófica.

“Forma parte del contenido de la ética hablar de la transcendencia de la persona humana y de su procedencia de un Ser Superior como fundamento último de su dignidad, ya que todo ello pertenece también al ámbito de la religión natural, que es parte de la ética.

Esto no va en detrimento del derecho de los padres a educar a sus hijos según sus creencias (o su moral), porque hay muchos conocimientos ético jurídicos que los padres no tienen por qué conocer y que, sin embargo, deben ser transmitidos a sus hijos a través de una enseñanza reglada con unos contenidos curriculares. La educación pertenece a los padres, pero ellos educan también ayudándose de la escuela pública y de los colegios cristianos. Que la escuela eduque no significa que deba suplantar a los padres, ni tampoco que imponga un único modo de pensar…” María Elósegui, profesora de Derecho, U. de Zaragoza, España.

La aprobación de la ley obligatoria es una excelente oportunidad para que los maestros recuperen la convicción de que la educación es un verdadero acto de interioridad guiado a la formación de la personalidad y al desarrollo integral del alumno. Solo esto logra verdaderos cambios positivos en la conducta de los educandos. La buena noticia es que existen buenas prácticas exitosas con la enseñanza-aprendizaje de la signatura de Moral, Urbanidad y Cívica. Conozco lo realizado desde hace años por la asociación Patronato pro Integración de la Mujer y la Familia al Desarrollo (PIMUDE), cuyos miembros, mayoritariamente maestras, promovieron primero un concurso con jóvenes universitarios, fruto del cual se recopiló un documento, en formato resumido o afiche, denominado: “El decálogo de los principios fundamentales”.

Desde entonces han producido folletos con sus respectivos instructivos para rescatar valores, los cuales ofrecen para ser reproducidos y distribuidos. Utilizan el afiche en talleres con profesores, quienes luego pueden educar a los jóvenes. Lo han puesto a disposición de las escuelas a escala nacional y para uso en los lugares públicos de los municipios, con la metodología de educar un principio cada mes, en donde los niños y padres de familia participen en concursos, con sus composiciones, cursos, conversatorios y otros métodos participativos. PIMUDE ha formulado el perfil de un proyecto estratégico “El rescate de los valores morales y cívicos en la familia”, especialmente dirigido para la prevención de la delincuencia juvenil.

(Continuará…)

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