Lo más visto

Más de Opinión

Promover y motivar una inversión suficiente es básico para el progreso del país

El Salvador vive inmerso en la anormalidad, prácticamente en todos sus desempeños nacionales, y por consiguiente todo lo que se impone hacer para empezar a salir de esta situación tan complicada y deshabilitante tiene carácter de medida especial; y la inversión se halla en esa condición.
Enlace copiado
Enlace copiado

Como nación y como sociedad venimos enfrentando desde hace muchos años una situación económica que debería haber generado reacciones efectivamente reparadoras en los distintos momentos del proceso evolutivo; pero por desgracia no ha sido así, y hoy nos encontramos en una situación que es generadora de crisis recurrentes, que se manifiestan con más dramatismo en el área de las finanzas públicas, donde términos como “déficit” y como “impago” se han vuelto presencias y amenazas que mantienen al país en vilo. Cuando se llega a niveles de tan alta problematicidad como los que padecemos en forma creciente, ya no basta con activar estrategias comunes, sino que se impone la necesidad de buscar mecanismos extraordinarios.

Y puestos en el plano de lo que actualmente sucede, uno de esos mecanismo es la inversión, que se ha vuelto un recurso extraordinario por el hecho de que durante tanto tiempo haya dejado de operar con la naturalidad que corresponde cuando hay un estado normal de cosas. El Salvador vive inmerso en la anormalidad, prácticamente en todos sus desempeños nacionales, y por consiguiente todo lo que se impone hacer para empezar a salir de esta situación tan complicada y deshabilitante tiene carácter de medida especial; y la inversión se halla en esa condición.

Cuando se mira el esquema comparativo de la inversión externa en el área centroamericana surge una vez más la evidencia de que El Salvador continúa estando en el último puesto. Esto quiere decir, a las claras, que los países vecinos tienen más atractivos para los inversionistas; y eso, en nuestro caso, no debería ser tomado como una simple estadística sino como un dato que propicie los debidos análisis sobre lo que habría que hacer para pasar de veras a configurar esfuerzos de superación efectiva.

Lo primero sería evaluar sin cortapisas autodefensivas los porqués de nuestra situación actual en lo que a inversiones se refiere. ¿Qué ofrecen más y mejor nuestros vecinos, y en contraste qué es lo que a nosotros nos tiene en situación desventajosa? Y al tener un panorama con los datos precisos y actualizados, lo que tendría que venir es un plan de acción que defina iniciativas con capacidad de ser verdaderamente operantes. Hay que despojarse de prejuicios en lo tocante a los estímulos y a los incentivos para atraer inversión, porque la competencia al respecto se vuelve cada vez más intensa y desafiante en todos los planos globales. Los esquemas del pasado están justamente ahí, en el pasado; ahora hay que ejercer la creatividad al máximo y en todos los órdenes, porque sólo ella da frutos que valgan la pena en el mundo agresivamente competitivo que nos toca vivir.

La seguridad es, sin duda, un factor de primer orden para mover inversión tanto interna como externa. Y cuando hablamos de seguridad enfocamos el fenómeno en todas sus facetas: seguridad política, seguridad jurídica, seguridad ciudadana, como las más determinantes. Aquí vuelve a quedar a la vista que todos los problemas y todos los desafíos, aunque tengan sus respectivas características, siempre acaban integrándose en un todo; y por ende los tratamientos y las soluciones tienen que seguir la misma lógica.

En los diagnósticos sobre la inversión y en lo que siga a los mismos tendría que haber una colaboración estrecha entre el sector público y el sector privado, para que los resultados fluyan.

Lee también

Comentarios