Propósitos nobles: Mejorar familia y política (2)

Entre más nobles son los propósitos que nos planteamos para mejorar la familia y la política, mayor es la posibilidad de perseverar en conseguirlos.
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Continuaremos la reflexión sobre la sensatez o prudencia, para no renunciar en la lucha cotidiana. Ser prudentes, decíamos, presupone una deliberación que mire a la realidad, seguido de la decisión para actuar poniendo determinados medios.

Cuando el papa Francisco fue recibido el año pasado en la Casa Blanca, tuvo la prudencia de no dejarse provocar por la lista de invitados que incluía personajes cuya vida contradecía su mensaje sobre la familia y el matrimonio, haciendo alusión en sus palabras a los puntos en común con el presidente Obama. El vicario de Cristo tuvo la prudencia de ir desplegando su mensaje a medida que iba cumpliendo con su agenda en EUA, comenzando con el estupendo discurso invitando a ser mejores políticos y funcionarios públicos en el Senado, seguido de las fuertes palabras en la sede de ONU, exhortando a la solidaridad de los pueblos con los más pobres. Finalmente, en el Sínodo de la Familia en la ciudad de Filadelfia, Francisco reafirmó la concepción original del matrimonio y la familia, invitando a las familias apoyarse y unirse para cumplir su misión de ser primeras escuelas de fe, humanismo y ciudadanía. Solo puede ser bueno el que es prudente, es decir, el que es justo antes que nada con la realidad. Y por eso los diez mandamientos son herramientas para ejercer la prudencia. Promover y defender el matrimonio natural entre un hombre y una mujer no significa maltratar a nadie.

Vivir la prudencia exige discernimiento o juicio sobre la situación, el cual no es solo necesario en los actos individuales de la persona o quien la aconseje. También lo necesitan los responsables de una comunidad política o de una comunidad cristiana. La prudencia no es huir de los conflictos sino enfrentarlos con amor, comprensión y misericordia, para asumirlos y encontrar novedosas formas de solucionarlos. Quien sopesa la realidad puede vencer las tentaciones de injusticia, deslealtad, cobardía o intemperancia con sus amigos, familiares o compañeros de equipo o de partido.

Ciertamente que, si existe imprudencia en los líderes políticos al incumplir sus promesas, la sociedad no es tan distinta. ¿Qué ocurre cuando no se cree en la palabra dada? Se implanta la desconfianza y sucede lo que vemos: corrupción, disolución, enemistad, lucha. “Desde el punto de vista evolutivo, mantener una promesa ha sido y es favorable para el ser humano, porque crea vínculos de cohesión y cooperación. Sin embargo, la palabra dada también atraviesa una época de crisis, tanto en la vida privada como en la política...”. Montserrat Herrero, profesora de Filosofía Política e investigadora.

¿Cómo se puede recuperar en política y en la sociedad el valor de la promesa? “En el ámbito personal, me parece que es sencillo: no mentir nunca... Todo lo simplifica y todo lo corrige... Uno miente por miedo o por perseguir alguna utilidad. Sin embargo, generalmente desconocemos la utilidad real de las acciones. Lo que vaya a ser en el futuro nos es desconocido, y en la mirada retrospectiva generalmente nos damos cuenta de que nos equivocábamos en nuestros cálculos... Hay que recordar el viejo refrán: Antes se prende a un mentiroso que a un cojo”. M. Herrero.

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