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Protagonista y testigo (II)

<p>En el primero de estos artículos hice mención al caos que llegó a vivir El Salvador en 1979, antes del golpe del 15 de octubre de ese año, protagonizado por el entonces coronel Jaime Abdul Gutiérrez y otros jefes y oficiales que él menciona en su libro “Yo soy testigo”. En esa obra cuenta cómo le correspondió la difícil tarea de llamar telefónicamente al general Carlos Humberto Romero para comunicarle que el ejército le había desconocido como presidente y comandante general. Dos días después de la publicación de ese primer artículo en LA PRENSA GRÁFICA –que don Jaime Abdul alcanzó a conocer–, falleció en su casa de la colonia General Arce de esta ciudad capital.</p>
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Protagonista y testigo (II)

Protagonista y testigo (II)

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<p>La abundante y variada temática de su libro le permitió legarnos sus conocimientos y puntos de vista sobre diversos acontecimientos que afectaron y aún afectan la vida de los salvadoreños, como la guerra con Honduras y sus consecuencias, el Concilio Vaticano II y la Teología de la Liberación, la negra crisis del petróleo, el deterioro de los precios del café, la influencia de Fidel Castro y el comunismo en los países de América Latina, la revolución sandinista, la reforma educativa de Walter Béneke, el fraude electoral de 1972, el gobierno de la junta entre 1979 y 1982, algo sobre los gobiernos posteriores, y su opinión sobre las privatizaciones.</p><p>&nbsp;</p><p>Para reproducir hoy seleccioné el que se refiere al 15 de octubre de 1979. Durante los 47 años precedentes hubo seis golpes de Estado militares que lograron sus propósitos, más algunos que no tuvieron éxito y les ganaron prisión, exilio o muerte a sus cabecillas. </p><p>&nbsp;</p><p>Dice el general Gutiérrez: “La acción del 15 de octubre de 1979 no fue un cuartelazo al estilo tradicional latinoamericano. Fue un cambio meditado y planificado para darle solución en el plazo inmediato a la ingobernabilidad en que el país había caído y sentar las bases de nuevas estructuras para el ejercicio de la democracia con justicia social. El golpe cerró un capítulo en la historia de El Salvador y abrió las puertas de la esperanza al pueblo salvadoreño.”</p><p>&nbsp;</p><p>“No es fácil tener que hablar de uno mismo, pero hay hechos evidentes que nos apartan de la falsa modestia para dar paso a la verdad histórica: muy posiblemente sin mi presencia en la cúpula del poder en los días posteriores al golpe, no se hubiera pasado de aquel momento crítico a la realización de tres elecciones democráticas, honestas y limpias a partir de 1982, gracias a las cuales la nación tuvo su primer presidente civil elegido libremente en más de medio siglo. De no garantizar esta vía, El Salvador pudo haber caído en un sistema político autoritario o, peor aún, totalitario.”</p><p>&nbsp;</p><p>“Tradicionalmente los golpes habían sido en la madrugada, cuando la gente todavía dormía, y al despertar el viejo gobierno había caído y en su lugar estaba el nuevo. También, ocurrían los viernes, los fines de semana o los días cercanos a un feriado, mientras los jefes del Gobierno se preparaban para descansar o tomar sus vacaciones…”</p><p>&nbsp;</p><p>“Un golpe de Estado en el país nunca había sido de día, sin disparar un tiro y sin derramar una gota de sangre.”</p><p>&nbsp;</p><p>Otras reproducciones de estas memorias históricas aparecerán en nuestro siguiente y último artículo: “Protagonista y testigo”. </p><p>&nbsp;</p>

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