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¡Prueba de fuego!

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Por algún tiempo, la dirigencia de ARENA ha reivindicado como una de las principales fortalezas del partido su capacidad para reinventarse. Esta prédica cobró mayor volumen después del estrepitoso revés experimentado en las elecciones municipales de San Salvador en 2003 y el subsecuente triunfo en los comicios presidenciales de 2004. Yo fui partícipe de aquella derrota, pues la candidata –mi amiga, Evelyn Jacir de Lobo– me persuadió, al igual que a otros compañeros de fórmula sin militancia política, la acompañáramos en una aventura que siempre interpreté como un intento de empezar desde el gobierno local más importante, a modernizar –y por qué no decirlo– a humanizar el partido.

Eventualmente, uno de los empresarios más adinerados del país y principales financistas del partido me comentó que ellos nunca estuvieron de acuerdo con esa candidatura por las ideas menos derechistas de la aspirante y las de los “outsiders” que la acompañábamos, a pesar del prestigio y el respeto del que gozaba la mayoría de ellos. Al conocerse que la votación nos era desfavorable, mi amiga nos convocó, a compañeros de viaje y a militantes que consideraba leales, a una reunión para tratar de discernir sobre lo que inclinó la balanza, pues todas las encuestas de que nos alimentó la dirigencia del partido se inclinaban rotundamente a nuestro favor. A esa reunión llegó el fallecido presidente Flores para decirnos cuánto lo sentía, aunque el que escribe tuvo el atrevimiento de enrostrarle el abandono del que habíamos sido objeto de parte del partido y el gobierno.

Lo demás es historia, pero traigo a cuento ese episodio a propósito de la anticipación del proceso de selección del candidato presidencial para 2019; no sé si para enmendar errores o ensayar un nuevo experimento que le garantice una victoria frente a un opositor más desgastado que las suelas de mis zapatos. Lo que conoce medio mundo es que antes de la decisión que tomó el COENA el jueves anterior –avalada hoy por los cuatro personajes que ya se han lanzado al ruedo– solo uno estaba empujando la idea de que la campaña se desarrollara en paralelo a la de diputados y alcaldes. Aun así, hay adversarios de peso al interior del partido que cuestionan ese acuerdo.

Aunque no soy precisamente un devoto de ARENA, tiendo a coincidir con quienes piensan que el consenso alcanzado no aleja el riesgo de distraer la atención del votante, cuando toda la energía debería estar dirigida a consolidar e, idealmente, a ampliar la participación del partido en los gobiernos locales y en el congreso, sabiendo que es en esos espacios donde puede construirse una base sólida para las presidenciales. De ahí, la posibilidad que el esquema temporal por el que se ha optado conlleve el riesgo de que se convierta en un bumerán.

Al respecto se pueden levantar algunas interrogantes: 1) En la medida en que los aspirantes continúen con sus periplos ¿cómo se garantiza que los temas que preocupan a la comunidad son compartidos e interiorizados por igual por los cuatro actores? 2) ¿Cómo superar la barrera del voto duro, sin el riesgo de que desde el inicio del proceso electoral para diputados y alcaldes, se incurra en los golpes bajos para debilitar a los otros contendientes? 3) ¿Cómo en la búsqueda de objetivos personales se evita la compra de voluntades, afectando al partido como un todo? Sobre esto último ya hay experiencias, solo que la competencia fue entre partidos y no entre candidatos de un mismo instituto político.

Por lo demás, no pueden obviarse los señalamientos que cada vez con más fuerza se están haciendo contra el Tribunal Supremo Electoral, recordando su cuestionable desempeño en los pasados eventos electorales. Ya hasta se habla de un posible fraude, aunque no los ayuden los rusos ni el régimen oprobioso de Maduro. Con todo, esperamos que, con este nuevo experimento, a los areneros no les salga el tiro por la culata.

PD (3) Señor Maduro: aunque pagara la cuenta, no es bienvenido.

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