Punto de vista y cambio

Todo plan, por bien estructurado que parezca, debe estar sujeto a posibles imprevistos y consecuencias, con una aplicación a corto –prioridades sin demora–, mediano y largo plazo y fuentes pormenorizadas de sustentación.
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Alterar factores, empujados por la precipitación, puede restarle efectividad a lo previsto. Agrada el consenso unánime para aprobar las medidas excepcionales contra la delincuencia, aunque combinar las funciones de la Policía Nacional Civil y la Fuerza Armada, las cuales tienen y se han preparado para labores diferentes, implica ciertos riesgos si la actividad no la acompaña un control cuidadoso. En un estado de cosas como el que vive el país es lógico recurrir a todas las opciones posibles, aunque apreciaciones jurídicas y confusiones puedan afectar la vida de la población más vulnerable. La ciudadanía desea –come ansias– que los índices de violencia decrezcan. Esto puede ser engañoso si el plan no va acompañado de otros factores que combatan la raíz del mal. Nadie quiere rescoldos entre las cenizas ni agazapados remanentes. Confiamos que todas estas situaciones hayan estado bajo la lupa experimentada de los militares y legisladores, general Mauricio Vargas y coronel Antonio Almendáriz y otros compañeros conocedores de la problemática.

Existe una faceta de la delincuencia, cuyo actuar es más oculto, con ramificaciones complejas e insertado en el sector comercial, transporte y hasta en negociantes en pequeño: las extorsiones. Es difícil escapar a su presión terrorista. Junto con el tráfico de drogas sustenta la operatividad de sus redes. Se apoya en alianzas internacionales, las cuales le proveen de recursos, armas y logística para planificar delitos. La titubeante estrategia utilizada por Seguridad, variable en lo direccional, hizo que simples pandillas se transformaran en estructuras organizadas. ¿Somos tan cortos en memoria que olvidamos la desacertada tregua?

Como salvadoreños anhelamos que la paz reemplace a la violencia, que el trabajo sustituya al desasosiego y que todo esfuerzo sea exitoso.

Cambiamos de enfoque, pero sin abandonar la temática de los males sociales, porque ciertamente hay ligamientos. Es la alusión optimista de apreciar que dos estratos de la población, como son las mujeres y los jóvenes, con renovadas aptitudes, están cambiando el rumbo del país. Superior en cifras poblacionales, el sexo femenino ha logrado incidir en el quehacer nacional; además de cimentar valores en el seno de los hogares, logró posicionarse y ganar espacios en lo laboral, en tareas tradicionalmente para hombres. Por ejemplo, la carrera castrense. Hoy, con todas las de ley, egresan de la Escuela Militar señoritas como oficiales. Ansiamos saber, después de varias graduaciones, cuál es el mayor grado alcanzado por ellas y si en un futuro cercano ocuparán jefaturas en la Fuerza Armada.

Otro estrato que vislumbra cambios, con su cuota femenina, son los jóvenes que sobresalen en emprendimiento, solidaridad, espíritu de servicio y en campos de avanzada. Pueden constituir la suplencia de una clase política fosilizada, acomodaticia y acostumbrada a las triquiñuelas para lograr sus fines, sin importarles el respeto y la voluntad de los votantes.

Ante el desgaste de los políticos en el poder, con sus acciones frustrantes, hoy es la oportunidad propicia para que partidos como ARENA, PCN y PDC afirmen posición, formen plataformas confiables y, en sus cuadros, capaciten a jóvenes líderes, más comprometidos con la trasparencia y la democracia.

Ese cambio de actitud y visión, a través de una corriente social como la descrita, disipará las etapas oscuras que a veces atraviesa el país.

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  • medidas excepcionales
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