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Que en 2017 no sigamos tropezando con las mismas piedras

Lo que no debemos perder nunca es la fe. El futuro es siempre un conjunto de oportunidades para hacer realidad nuestros sueños y esperanzas.
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Que en 2017 no sigamos tropezando con las mismas piedras

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Confiemos en que 2017 que está comenzando sea un año nuevo de verdad y no la repetición del lamentable 2016. Sin pecar de pesimistas podemos afirmar que la suma de dolores del año anterior alcanzó una marca de la que no podemos sentirnos orgullosos, y que la establecieron minorías violentas y no el común de las gentes. Nuestros jóvenes siguen cayendo, como víctimas de sus propios errores y por los de quienes –excepcionalmente– ignoran los límites de su autoridad.

Como quien dice nada, se nos informa que en 2016 los gobiernos de Estados Unidos y México expulsaron de sus territorios a más de 50 mil salvadoreños, quienes han regresado a engrosar las filas de los desocupados o de las maras, en tanto las calificadoras de riesgo llevan a nuestro país a los últimos lugares, donde el precio de los préstamos se vuelve prohibitivo y los bonos del Estado se acercan a la condición de chatarra. Mientras, vemos reducirse la agroindustria del café, otrora motivo de legítimo orgullo por la calidad del producto y la dimensión de sus efectos en el ámbito socio-económico. Las duras pruebas que pasa el país no son obra de un solo sector, aunque haya alguno o algunos más responsables que otros.

En aras de la armonía necesaria para salir del mal momento que vivimos, es generoso y conveniente darle al gobierno el beneficio de la duda, para poder esperar que en la segunda mitad de su período se corrijan los errores que son causa de la mayoría de los efectos que sufrimos. No es excusa señalar los pecados o equivocaciones del pasado porque lo que urge corregir es lo que está ocurriendo hoy y no podemos sentarnos a esperar a que vengan los acreedores a cobrarnos de mala manera. Defender el honor de El Salvador nos corresponde a todos, de igual manera que dar nuestro aporte y esfuerzo para corregir el rumbo del país. En esta tarea no podemos delegar en otros la responsabilidad total.

Eso sí, debemos exigir por todos los medios que la Carta Magna pone en nuestras manos, que se cumpla la ley de manera plena y pareja; que se administre los bienes del Estado con prudencia y honradez; que se gobierne para todos y no solamente para un sector; que se evite el despilfarro que ofende a los más pobres y acentúa los contrastes sociales; y que a los delincuentes se les juzgue conforme a derecho y sin excepciones. La población espera que no se les concedan premios, sino la pena que merezcan, sin escarnio ni violación a los derechos de sus familias.

Debemos luchar por logros posibles, que finalmente honrarán a todos, restaurando los valores cívicos y morales que se han perdido en la vorágine de las pasiones y la codicia. Podemos hacer el esfuerzo que devuelva a la población su derecho a vivir en paz.

Para quienes somos creyentes, las perspectivas del país están más que en nuestras manos en el generoso corazón del Señor, a quien tenemos mucho que pedir. La oración es un arma poderosa y reconfortante.

Lo que no debemos olvidar es aquella vieja expresión: “A Dios rogando y con el mazo dando”. Los grandes retos requieren grandes esfuerzos.

Tags:

  • oportunidades
  • futuro
  • agroindustria
  • cafe

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